Cambios. Son importantes. Cambia el semestre, me implico más en la iglesia, cambia la forma de ver algunas cosas y/o personas, pronto cambiará también mi edad... No sé.
Estoy en una fase de esas que pueden doler bastante, pero que sin duda nos hacen crecer como personas. Me alegro de saber que hay personas con las que podré contar si algo no va bien, y me alegra saber también que hay personas que también cuentan conmigo. Eso también hace crecer. También empiezo a pensar más en aspectos a los que antes no daba mucha importancia (aún cuando no los podía obviar, y sin embargo no eran una prioridad para mí).
Veo cuán sola me siento a veces y pienso si eso no es por como soy yo, o si es que he hecho algo que ha ocasionado lo que ahora sucede. No lo sé, pero imagino que será en parte algo de esto y de como son los demás. Pero tampoco quiero permitir que eso cope mis pensamientos, porque si sucediera creo que me hundiría.
Pero también sé que hay cosas más importantes que todo esto, y quiero poder darles todo el tiempo, empeño, ganas, ánimos e importancia que se merecen.
En fin, no sé muy bien porque realizo esta reflexión, pero es posible que se trate del momento inmediatamente anterior a una crisis de fe, o punto de inflexión en mi vida o como lo queramos llamar. Así es como me siento.
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