"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Escaleras

El comportamiento humano muchas veces es sorprendente. Oímos noticias de sucesos estrafalarios, que nunca antes habríamos podido imaginarnos, u otros actos similares.

Pero ya no sólo hablo del comportamiento que se convierte en portada de los periódicos, sino de aquél que tiene lugar cada día, en la cotidianeidad de esta sociedad que no respira aire fresco.


Véase una escalera mojada por la lluvia, una persona que sube por ella y otra que baja. La que baja, de repente, resbala y se vence sobre sí misma. La persona que sube percibe cierto movimiento extraño y extiende su mano. Sin embargo, la equilibrista recupera su propio equilibrio y no se deja ayudar.


Si soy sincera, la persona que bajaba era yo misma esta mañana cuando, entre las prisas, el bolso, el paraguas y la chaqueta, he resbalado llegando al metro. Aún no entiendo cómo he podido recomponer mi equilibrio, pero cuando la otra persona me ha preguntado ¿estás bien? enseguida he contestado “sí, gracias”, y he continuado la bajada sin más percances.

No obstante, en cuanto he podido dar dos pasos y pensar un poco en la situación tan absurda que acaba de tener lugar, he visto claramente que este comportamiento bien se parece al que muchos cristianos experimentan en su vida.


La vida es como una escalera. Hay momentos en que resbalamos y estamos a punto de caer, entonces Dios nos ofrece Su mano para sacarnos de allí. Pero no dejamos que nos ayude, sino que tratamos por nuestros propios medios de solventar la situación, el problema o cualquier decisión que tenemos que tomar.


¿Qué nos hace dejarle de lado? ¿Por qué no somos capaces de ver que sin Él estamos perdidos, que podemos caer? Esto no significa tampoco que confiando en Él las situaciones por las que pasemos sean más fáciles, ni mucho menos… Pero sí que hay quien, por amor, nos salva y no exige más que amor y confianza a cambio.


Yo, por mi parte, cada día trato de confiar más y más en Él. ¿Qué harás tú? ¿Caerás por la escalera algún día?

lunes, 7 de septiembre de 2009

Ordenando

Muchas, muchas palabras. Muchos, muchos pensamientos. Muchos, muchos sentimientos.

Ha llegado septiembre, el nuevo curso escolar, los reencuentros... y con todo ello, un torrente de palabras, pensamientos, sentimientos... Fluyen bastante desordenados por mi mente, de un procesador a otro, tratantando de acertar por qué ha aparecido, o qué debo de hacer con él, como si fuera una pieza a ajustar en su posición para que dé lugar lo mejor de sí.
El problema radica en que en todo el río hay muchos (pensamientos, palabras, ...) que pueden estar de paso, otros que se quedan estancados, novedades que asimilar y definir su posición, algunos que resisten al paso del tiempo, otros que son inamovibles...

¿Cómo ordenar todo esto? Sola no puedo.


Where do You want me?

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Impresiones valorativas

Apenas 4 semanas. Eso es lo que me queda en mi primera destinación. Ha sido un período interesante. No ya por lo que haya podido aprender a nivel laboral, que ha sido algo, sino también por lo que he podido aprender de trabajar con las personas.

Llegué y el equipo al que me incorporaba funcionaba a la perfección, los engranajes eran buenos entre ellos. O eso parecía, porque ha sido llegar las vacaciones y faltar alguno de ellos, para que los perfectos engranajes empezaran a chirriar un poquillo. Y sólo un poquillo.
Críticas al trabajo de uno, críticas al trabajo del otro... Lo que más me asombra no es esto, es algo que era probable. Lo impactante es que las críticas eran dirigidas al cliente. Es decir, un compañero, hablando con un cliente, criticaba al compañero de al lado. ¿Es esto equipo? Cabe pensar que lo decían sólo para proteger al cliente, que realmente no pensaba eso, pero si este el caso ¿por qué lo hacen?
Con esto en mente me preguntaba qué dirían de mí, que es lo que realmente pensarían de la becaria que aparentemente sólo esta aquí por enchufe, cosa no del todo cierta...

Dejando esto de lado, la experiencia está siendo muy buena. Aprender a tratar a las personas. No sólo al compañero, sino también a los clientes. A todo tipo de clientes. Aquéllos que van de listos, otros que parecen un poco atontados (y de los cuáles los compañeros se burlan), algunos adinerados, otros endeudados hasta las cejas...

Paciencia, respeto, confidencialidad... Cosas a practicar cuando se trabaja, y también en la vida diaria. También aprender a dejar el trabajo en el trabajo, y no trasladar los días no tan agradables al ámbito familiar, no llevarse las preocupaciones a casa (como los primeros errores)...


En definitiva, buen sabor de boca en general. Ahora a probar el siguiente bocado, otra empresa, distintas funciones, diferentes personas, otro equipo... Vamos, otro reto. Pero sobretodo, voluntad de aprender.