"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde
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martes, 22 de junio de 2010

Confusión

Quería estudiar, pero el teléfono la descolocó. Era él después de mucho tiempo. Y quería verla en ese mismo instante. Ella, tonta como siempre, accede corriendo y va en su busca, para por el camino ir poniéndose cada segudno más nerviosa. Pensaba que estaba vez no podría con ella, no iba a fastidiarle lo poco que le quedaba para terminar. De hecho, no sabía muy bien qué quería a estas alturas, y como siempre, tan enigmático. Pensó en la última vez que se vieron. Ah sí, hacía ya casi tres meses. Su cabeza no deja de pensar mcuando se da cuenta de que ya ha llegado. Llama al timbre y sube.

Ahora, después de la conversación, no sabe muy bien qué pensar, ni qué sentir. Una parte de ella piensa que se lo merece, al fin y al cabo es recibir lo mismo que él ofreció hacía ya tiempo. Pero sabe que no le desea eso a nadie, ni tan siquiera a él. ¿Entonces qué? ¿Pena, lástima, tristeza por él? Parece que sí, aunque no sabe muy bien si es por él, más bien por la situación en qué se encuentra. Pero le preocupa más ella. ¿Qué va a hacer ahora? Su plan parece haberse truncado con el tiempo. ¿Volverá a casa o vagará junto a él hasta que encuentre algo?

sábado, 29 de agosto de 2009

Silencio

Es eso lo que escucha desde que se levanta. Algo se ha roto en su relación. ¿Cómo volver a recuperar lo perdido?

Aún así, se levanta todos los días, hace todo aquello que debe hacer y trata de que el silencio no le afecte en demasía. Muchas veces siente que va a caer, que es el último día en que podrá soportar tanto silencio.

Pero entonces Él le dice que no se preocupe, que está a su lado, que le da la mano y le ayuda a seguir caminando. Que si es necesario le cogerá en brazos, como otras veces ya ha hecho, y le curará las heridas nuevas, y las que se han reabierto.

Le da las gracias por todo. Sabe que no lo merece y por eso mismo está agradecido. Está a Su disposición. ¿Qué quieres de mí, Señor?



"Not because of who I am

But because of what You've done

Not because of what I've done

But because of who You're"

-Who am I, Casting Crowns-

lunes, 24 de agosto de 2009

Abismos

Otro abismo más. No sabe por qué, pero cada vez que intenta acercarse a alguien, la separación entre ellos crece. Sea quien sea... Comenzó con él, y más tarde ella. Entre ambos la grieta es tan profunda que todo lo que un día hubo a su lado ha terminado feneciendo. Primero fue uno de sus hijos, ahora es la otra. Cuando ésta trata de acercar posiciones, todo lo que la rodea la aleja. Es más, ni siquiera preocupándose por la salud de las personas logra evitar la caída. Se siente tan pesarosa que ni siquiera volver a casa la anima, ya que es allí donde ahora está la tensión. Palabras cortantes, miradas recelosas, gestos que dañan. ¿Por qué iba a querer volver? Porque no tiene otro sitio a dónde ir. Porque siente que debe estar ahí. El abismo cada día se hace más irreconciliable a la par que incómodo. Y sin embargo, sabe que ése es su lugar, por lo menos en este momento.





Muchas personas viven día a día en su abismo particular. Ya sea a causa del trabajo, de las relaciones con las personas, de los miembros de la familia... Y no saben como salir de él.
Sin duda, le atribuyen la responsabilidad del abismo a la parte ajena, sin darse cuenta de que ellos también forman parte del problema, ellos tampoco son perfectos, cometen errores como todos los demás. Como no contemplan esta posibilidad, no ven la necesidad de pedir perdón y ser perdonados, con lo que el abismo se vuelve cada vez más profundo.
Sin embargo hay Uno a quien no le importa la cantidad de errores que hayas cometido, las barbaridades que salgan por tu boca. Te quiere y por eso te perdonará, siempre y cuando seas consciente y te arrepientas de todo aquello que mancha tu vida. Él es la solución a un abismo, el abismo de muerte. A través de Él, y sólo a través de Él, podemos cruzar ese abismo. Sólo cuando comprendes que la muerte es mucho más dolorosa que cualquier otro abismo, estás dispuesto a ser limpiado. Entonces, cualquier otro abismo que siga existiendo será doloroso, pero no imbatible.






Ahora sabe por qué vuelve a casa. Sabe que tiene que dejar que ese abismo que se abrió se cure, y debe dar el primer paso, poniéndose en evidencia, tal vez, pero sabe que si no es de este modo, el abismo cada vez será más profundo.




viernes, 7 de agosto de 2009

Existencia de amor

Se conocen hace más de 50 años. Llevan todos estos años juntos. Se aman, y aman a sus hijos y nietos. Dios los ha bendecido mucho a lo largo de sus 3/4 de siglo. También han sufrido, han llorado, han superado enfermedades... Y se siguen amando. La preocupación de uno por el otro es tal, que al tener que estar él postrado en el hospital por una semana, ella pasaba el día en el hospital, pero no dormía allí porque él deseaba que descansara bien. Miradas cómplices, palabras bonitas, besos. Amor, en definitiva.

Amor de ese que se ha extinguido, y que ya no existe en el mundo. Amor en el que muchas personas dejaron de confiar. Amor que te hace vivir cada día por y para el otro. Amor fiel, paciente. Amor en mayúsculas. Amor hasta el final.


Sé que ese amor existe. Lo he visto. Algún día espero que me amen así.

Dios nos ama así y mejor. Por encima de todo, no importa lo que hagamos, los fallos que cometamos, Él nos ama. El mayor amor que nosotros podamos sentir por otra persona no es nada comparado con el amor de Dios. Su amor es infinito y eterno.

martes, 14 de octubre de 2008

Relato II- "Cajas"

Su hija le ha dicho que tenía que comprarle un libro de esos viejos, escrito hace mucho tiempo. El Lazarillo de Tormes. Se ha reído.

- No hace falta. Lo tenemos ya, pero lo tendré que buscar. Debe de estar en alguna de las cajas donde guardo cosas de hace 20 años.

La conversación ha quedado ahí. Ahora, sola en casa, se ha puesto a ello. Desempacar las cajas sería más rápido si no hubiese perdido la lista que contenía los objetos guardados. Por eso, ha empezado por la primera caja que ha encontrado. Nada de lo buscado. La segunda que abre pesa bastante más, está llena de libros. Mientras lee los títulos, va recordando cuándo los leyó por primera vez. Al fondo, parece intuirse un libro algo más descolorido por el paso del tiempo. Pero, antes de llegar a tocarlo, descubre un par de libretas. Están polvorientas, pero no recuerda qué son. Abre al azar una de ellas.

12 de noviembre de 2002

Hoy ha sido un día como otro cualquiera....


No sigue adelante. Va a la primera página y descubre, en una letra diminuta e ilegible, las palabras que le corroboran lo que se ha imaginado. "Diario. 6/04/00- 23/01/03". Mira la otra libreta y descubre otro volumen de su diario de adolescente. No sabe qué hacer. De momento, coge el Lazarillo, guarda rápidamente los demás libros, cierra la caja como puede y la vuelve a guardar, junto al resto de recuerdos. Pero ha dejado fuera las dos libretas.


Aún no sabe qué va a hacer con ellas. Ella creía que había superado todo el pasado. Que nada de aquello volvería a molestarla, y menos habiéndose casado felizmente y con una hija maravillosa. Pero, sin saber porqué, y justo en este momento, ha vuelto. Tiene que decidir algo. Quiere recordar cómo fueron esos años pero, a la vez, no quiere hacerlo. Sabe que sufrió mucho. Que todo lo que pasó pudo haberse hecho de otra forma. Y teme que le influya demasiado en su vida actual.

jueves, 14 de agosto de 2008

"Solo"

Está a tan sólo 4 horas, pero siente como si estuviera en la otra punta del planeta. Además, está solo. Lo decidió así. Quería descansar y pensar algunas cosas que mareaban por su cabeza. Lleva ya un mes allí, en la que fue la casa de sus abuelos. Nunca fue allí de pequeño, no quería quedarse aún sabiendo que conocería a gente. Por eso eligió este lugar. Nadie lo conoce, y si le preguntan que hace en esa casa, dirá que la alquiló a los dueños por el verano. Aunque, la verdad, desde que está ahí, nadie se ha fijado en él. Ni siquiera cuando ha ido a comprar. Mejor, piensa. Ahora no cree que fuese tan buena idea irse solo. Se siente tan solo. Es cierto que ve a la gente por la calle, los saluda incluso, pero está solo. Él quería que fuese así. Y así ha sido. Pero ahora echa en falta la compañía de alguien con quien charlar. Y se acuerda de ella... De cuando se cruzaron, de lo torpe que había sido, de lo mucho que la quiere y lo difícil que se le hace decirle lo que siente... Quiere llamarla pero no se atreve. ¿Qué le va a decir? "No, es que estoy en el pueblo... Me he acordado de ti...". Se hace la firme promesa de que cuando la vea, no será como las últimas veces. No puede volver a ser igual. No lo va a permitir.

miércoles, 23 de julio de 2008

"Vente conmigo"

Él iba con sus maletas. Se ha marchado de vacaciones. Pero cuando salía de su casa la ha visto.

Ella volvía distraída a su casa. Había tenido una dura jornada en el trabajo que había conseguido para estos meses. Pensaba en darse una ducha fresquita y tumbarse un rato en el sofá…

Se han visto. No se lo esperaban. Ella creía que trabajaría todo el verano. Él pensaba que ella se iba lejos con unas amigas. Ella ha musitado un inaudible ‘hola’ y él le ha dicho que se iba unos días a descansar, que tuviera un buen verano.

La conversación ha sido lo de menos. Sus miradas lo han vuelto a decir todo. “No quiero que te alejes demasiado”, “Vente conmigo”.

En su interior ella cree que cuando sea capaz de decirle lo que siente, él estará muy lejos. Él, por su parte, nunca ha tenido tantas ganas de decirle que la necesita como ahora.

Pero, una vez más, han desperdiciado su oportunidad. Llevan tantas perdidas… Y cada una les aleja aún más.

miércoles, 16 de julio de 2008

Tormenta de verano

Relámpago. Y empieza a contar... 1... 2... 3... 4... ¡trueno! Espera un poco. Relámpago, y vuelve... 1... 2... 3... 4... 5... 6... 7... ¡trueno! Parece que la tormenta se aleja. Su cara dibuja una expresión de tristeza. Vuelve a empezar... 1... 2... 3... ¡trueno! Ahora sonríe. No se va. Se queda. Se queda conmigo, piensa.

Aún recuerda como su abuelo le enseñó a adivinar cuando una tormenta se aleja o se acerca. Era en la casita que había construído junto a sus hijos hacía muchos, muchos años... Una tarde de agosto empezó a llover, y los relámpagos brillaban en el cielo que había oscurecido. Poco después llegaba el trueno. Ella se asustaba por el ruido. Su abuelo entonces la llevó a la terraza y le enseñó a contar. Así es como dejó de tenerles miedo. Podía saber cuando venían o se iban. Siempre quería que se quedasen con ella. Le hacían compañía.


Ahora, cada vez que llueve, recuerda ese momento y cuenta. Cuenta como si estuviera allí, fuera pequeña aún, y estuviese oliendo el césped mojado, oyese el crepitar de las gotas en la piscina... Cuenta aún estando encerrada en la oficina donde trabaja, y siempre trata de mirar por la ventana, buscando el relámpago que le haga volver a empezar...

lunes, 30 de junio de 2008

"Te echaré de menos"




Ayer le vio. Sus almendrados ojos se dirigieron a muchas partes, incluso se cruzaron con los suyos un par de veces. Pero no supo qué decir. Parecía que querían decirse algo, pero ninguno pronunció palabra alguna. Quizá se debió a la presencia de más personas, allegados de ambos. La conversación de ella versaba entorno a la familia. La de él, al trabajo. Ella creía que nunca sería capaz. Él pensaba en cuando podrían coincidir. Días atrás casi ocurre así, pero las prisas de uno y la calma del otro lo evitaron. Ahora, con las vacaciones, se separaban. Quien sabe si se volverán a ver. Él echará en falta su tímida sonrisa, sus ojos sinceros, su tranquilidad… Ella no verá más sus hermosos labios ni sus dulces ojos, no oirá su risa alegre en mucho tiempo… En esto pensaban, pero ninguno fue capaz de despedirse. No era incomodidad, más bien no saber muy bien cómo empezar. ¿Cómo decir “te echaré de menos” si la otra persona no sabe qué sientes? Sólo uno sabe qué ocurrirá con ellos. Mientras, sus caminos se separan, y les llevan muy lejos del otro. ¿Se volverán a cruzar sus sendas ofreciéndoles una segunda oportunidad?