"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

martes, 28 de octubre de 2008

Vuelve a llover

Hoy vuelve a llover. Esa es la tónica de este otoño. No me molesta, sobretodo en días como hoy, en que no he de salir de casa por obligación... Además, estoy casi todo el día sola. Aquí una foto de la tormenta del otro día...




A veces me parece que el tiempo me acompaña...

domingo, 26 de octubre de 2008

¿Hogar?

Llevo un tiempo pensando en algo. Me inquieta bastante. Me explico.

Mis padres están divorciados y, evidentemente, viven en casa diferentes. Pero ese no es el caso ahora.
La cuestión es que, hasta ahora, yo consideraba mi casa aquella en la que crecí, y vivo actualmente con mi madre y mi hermana. La de mi padre, ha sido, y será siempre, la casa de mi padre, donde yo paso una pequeña parte del tiempo. No creo que nunca llegue a referirme a ella como mi otra casa, porque no me siento así estando allí. Pero ese tampoco es el caso.

El caso es que lo que yo he considerado siempre mi hogar ha sido la casa donde vivo, y era mi refugio. Es decir, el sitio donde pasase lo que pasase fuera, me sentía segura, tranquila, a gusto... Lo cierto es que siempre he sido muy de estar en casa (y lo sigo siendo). Pues de un tiempo aquí tengo la impresión de que mi hogar no está en ningún sitio. No me siento segura en ningún sitio, y tampoco en casa. Ni tranquila. A veces, me cuesta incluso sentir eso en mi propia habitación. No sé si es que soy yo, o que, pero muchas veces me cuesta llegar a casa (aún queriendo volver a ella tras una larga mañana) por temor a lo que pueda encontrar. Sé que viene de largo, que si hubiéramos hecho bien las cosas desde el principio todo sería de otra manera. Y también sé que no puedo siempre encubrirme en que "podríamos haber hecho..." o cosas así. Creo que también se puede hacer algo, aunque no sé muy bien qué ni por dónde empezar.

De momento, necesitaba ordenar lo que pensaba al respecto. Creo que lo he hecho. Y ahora, ¿qué?






Además, sigo teniendo en mente muchas, muchas cosas, y nuevas se unen a todas esas... Algún día me estallará del peso de todo. Y mira que trato de descargar... Lo único que sé es que no estoy sola en esto. Ahora mismo necesito que me sujeten, y sé que Dios está a mi lado.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Preocupaciones, ansiedad, Dios... y ¿yo qué he hecho?

Nunca he tenido una crisis de ansiedad. Sí, me preocupo por las cosas, pero sé que si pasan cierto límite, yo no tengo que preocuparme, porque la solución no está en mis manos. Es decir, si hay cosas que no voy a poder solucionar, ¿por qué preocuparse?

Bien, hoy he estado con una persona cercana que está ahora mismo en medio de una crisis de ansiedad. Es la segunda que sufre este año, y llega al punto de no comer, no dormir... No quería entrar en clase y dejarla ir sola, así que nos hemos ido a una cafetería a desayunar e intentar que no pensara en lo que le hacía sentirse agobiada hasta el punto de "quererse morir".

Lo cierto es que no sabía muy bien qué hacer. Ni qué decir. Los que me conocen saben que intento medir muy bien mis palabras a la hora de tratar algo que considero importante, y éste ha sido el caso. Como no tenía mucha idea de qué le había llevado a sentirse así, he dejado que, con libertad, me contara lo que quisiera. Es decir, he estado en silencio escuchando.
Cuando ha empezado a hablar me he dado cuenta que tampoco iba a saber qué decirle. Tiene las cosas claras, pero cuando algo la lleva a una crisis, pues se lo cuestiona todo, aunque sabe que se debe a la crisis y que ni sus sentimientos ni sus pensamientos han cambiado.

Lo único más o menos acertado que he conseguido decirle es que cuando a mí me preocupan cosas y estoy en una situación que podría asemejarse a la suya, pues sé que sólo puedo preocuparme hasta un punto, porque si pasa de ahí, yo no puedo hacer nada. Lo que no le he dicho es que estoy segura de ello porque hay alguien siempre a mi lado que no me va a dar o poner en situaciones que yo no pueda soportar.

El caso es que sabe que soy creyente, que voy a la iglesia, que no creo en las mismas cosas que ella... Pero no sé si se ha dado cuenta de que para mí es algo más. Que no sólo es ir a un sitio, sino que es algo que siento dentro de mí y que confío realmente en Dios. Si esto no lo sabe, es que no se lo habré sabido decir con claridad. Hoy era una oportunidad para hacerlo, y tampoco lo he hecho. No sé porqué. Ahora me cuestiono si realmente soy lo que digo ser...

Creo que hoy sólo tenía que escuchar, estar a su lado, que sintiera que significa algo para mí, que me preocupo por lo que le pase... Creo que si alguien que dice ser tu amigo, en una cosa así, no está contigo no sabe realmente el significado de la amistad.

En realidad, creo que lo de hoy ha sido como una especie de puesta en práctica sobre lo que leía ayer de la señora van Haaften. Sí, leí el capítulo referente a las precupaciones excesivas. Y saqué buenas cosas también, al igual que la última vez.

Todo lo que nos sucede a nosotros, antes pasa por el "filtro" de Dios. Es decir, que, como ya he dicho, nunca nos va a pedir/dar más de lo que no podamos soportar. Además, le tenemos siempre ahí, con nosotros (1Pe 5:7; Mt 28:20; Sal 23:4). Muchas veces he podido notar esto. Que está conmigo, que me sustenta, que me da fuerzas para levantarme, que hace que coma, que quiera seguir adelante aunque en ese momento quizá no me apetezca hacerlo...

Así pues, ¿por qué os preocupáis? (Mt 6:28)

Me gustaría poder decirle a mi amiga todas estas cosas, y que las entienda y que reconozca que sin Dios nada tiene sentido.

Mañana espero volver a verla en clase. De todas formas, más tarde cogeré ese invento tan maravilloso (que no me gusta demasiado) llamado teléfono y le preguntaré cómo ha ido el resto del día, porque después del rato que hemos estado juntas, se ha ido a su casa, y yo no he hecho más que darle vueltas a todo esto.

Y sigo dándole vueltas...


martes, 21 de octubre de 2008

Sequía...

No son muchos pero Dios los puso ahí,
un poquito más cercanos, me los regaló a mí,
para hacerme comprender un poco más
el calibre del amor de mi Padre celestial.

No son muchos, pero no los hay mejores en la tierra,
sin temor a los leones en la arena.
Sólo pendientes de que alguien me proteja,
aunque el precio sea mayor, son amigos,
y no tengo que dar nombres o apellidos...
... porque ellos mismos ya se saben aludidos.

No son muchos pero Dios los puso ahí,
extranjeros de otra talla, tan insólitos aquí,
que me respetan y regañan a la vez,
y me quieren como soy, aunque me conocen bien.

Están cerca, no me es fácil engañarles,
porque llevan mis heridas y miserias en su pecho,
y jamás me echan en cara lo que han hecho,
aún teniendo una razón,

son amigos, no hace falta dar sus nombres o apellidos...
...porque de sobra ellos se saben aludidos.

No son muchos pero Dios los puso ahí,
peregrinos incansables, luchadores de marfil,
forasteros con nostalgia del hogar,
en sus frentes brilla el sol, en sus manos siempre
hay pan......

...y en sus labios
no hay engaño ni traición porque son sellos,
y jamás he visto zánganos más bellos,
ni me he reído tanto, como junto a ellos,
aún en medio del dolor,

son amigos,
y no quiero dar sus nombres ni apellidos...
...ellos lo saben y se dan por aludidos
Mi regalo, Marcos Vidal
...
Llevo unos días de sequía verbal. Y bueno, he estado pensando muchas, muchas cosas. No sé. Creo que estoy en un punto de mi vida en que cada cosa que haga va a implicar cosas en el futuro. En realidad, es siempre así, pero ahora es como que me doy más cuenta y bueno, hay que verlo todo bien.
Por otro lado, tengo la sensación de que hay ciertas cosas que no avanzan, a veces incluso van hacia atrás. Y no quiero seguir así. Llevo mucho tiempo dándole vueltas y quiero hacer algo, pero no sé cómo plantearlo para que no ofenda a las personas implicadas, ni se vean heridas.
Y bueno, el texto es una canción de Marcos Vidal. Cada vez que la escucho me acuerdo de muchas personas, de algunas que están cerca y de otras que no lo están tanto. Y le doy gracias a Dios por haberlas puesto en mi camino, y desde aquí disculparme si a veces no saben mucho de mí y no les pregunto por ellos mismos. No es que no me preocupe por ellos, sino que muchas veces no quiero llenarlos con mis preocupaciones y mis "tonterías".
En fin, muchas cosas en qué pienso y que muchas veces no sé expresar bien con las palabras.

sábado, 18 de octubre de 2008

Un año

Ha pasado un año desde que me embarqué en esta aventura que no sabía si sería capaz de mantener con regularidad.

¡¡He descubierto que soy capaz de escribir con cierto sentido!! Jeje.

Bromas aparte, creo que ha sido un año extraño. Y, creo, he madurado. Lo noto cuando escribo y me expreso... Supongo que también se va aprendiendo con la práctica... A veces no me ha apetecido escribir mucho, y sólo he dejado unas pocas palabras que rondaban por mi cabeza, otras, en cambio, he sido tan extensa que no pensaba yo si llegaría a acabar algún día de decir o escribir lo que sentía...

Han cambiado cosas, otras están aún por cambiar... pero no hay que pararse en lo que ya ha pasado, sino mirar cuánto camino nos queda aún por recorrer. No será fácil (¿quién dijo que lo fuera?) pero saber que puedo sentarme un momento aquí y compartirlo con otros (creo) que me ayuda. Además, como mejor más grande ayuda le tengo a Él, así que nada puedo temer.


Así que, aguardando cosas para seguir compartiendo. Gracias a todos los que leen.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Perdonar y olvidar

Llevo unas semanas leyéndome un libro. Normalmente, suelo devorarlos con rapidez, y disfruto de la lectura, aprendo cosas... pero no siempre me da tiempo a ponerlo en práctica. Por ello, cuando una amiga me dejó "Vivir en libertad", de Eleonor van Haaften, que es un libro muy claro, práctico y que hace reflexionar, decidí tomármelo con más calma.

Total, ayer estuve leyendo el capítulo en el que habla de la carga de la amargura y las ansias de venganza. Y claro, la forma de deshacerse de esa carga es el perdón. Y leyendo todas las cosas que dice la autora sobre el perdón y olvidar (no simplemente olvidar, sino que "el significado de las cosas no tenga poder sobre nosotros"), estuve recapacitando e intentantado descubrir si he perdonado realmente a una persona que me hizo mucho daño en el pasado y que cambió mi vida.

En realidad, gracias a esa persona conocí realmente a Dios y me cobijé en Él. No digo que no hubiese llegado a hacerlo de haber sucedido otras situaciones, pero el daño que me hizo esa persona me hizo darme cuenta de lo mucho que necesitaba a Dios, y que sigo necesitando día tras día.
Pues bien, aún así, no sé si realmente le he perdonado. Me explico. Hace un tiempo, después de una charla que hubo no sé si en un campamento o en alguna reunión de jóvenes de la iglesia, se trató este tema, el perdón. Y yo, por aquel entonces, aún estaba bastante resentida con la persona en cuestión. Y cuando llegué a casa y pensé en ello, decidí, voluntariamente, que quería perdonarla, aun sabiendo lo que me iba a costar. Y oré a Dios para que me ayudara en ello. Yo sabía que por mí misma no iba a poder, así que le pedí Su ayuda.
Desde entonces, me he dado cuenta de que hacia esa persona ha cambiado mi actitud y otras cosas, pero no sé si eso significa que lo haya perdonado. Puede que perdonado sí, pero creo que aún no he conseguido olvidar, según decía antes, todo lo sucedido. Y eso me hace replantearme la pregunta de si he perdonado realmente, y si es así, porqué aún no he podido dejar que me afecte...

No sé. Son cosas que llevo pensando desde ayer, y a las que les doy vueltas y no consigo ver bien dónde estoy ubicada. En fin. Sé que es cuestión de voluntad, pero también de oración, porque creo que humanamente no podría hacer que ciertas cosas dejaran de afectarme en ciertos momentos...

La verdad es que habiendo tratado el tema del perdón en varias ocasiones, no sé si había visto esa otra parte antes. Olvidar. Es importante para poder avanzar de una forma "saludable".


Dicho esto, veremos qué me depara el próximo capítulo. Habla sobre preocuparse en exceso. Así que vamos bien... Hablando en serio, recomiendo la lectura de este capítulo. Bueno, de éste y de todo el libro...

martes, 14 de octubre de 2008

Relato II- "Cajas"

Su hija le ha dicho que tenía que comprarle un libro de esos viejos, escrito hace mucho tiempo. El Lazarillo de Tormes. Se ha reído.

- No hace falta. Lo tenemos ya, pero lo tendré que buscar. Debe de estar en alguna de las cajas donde guardo cosas de hace 20 años.

La conversación ha quedado ahí. Ahora, sola en casa, se ha puesto a ello. Desempacar las cajas sería más rápido si no hubiese perdido la lista que contenía los objetos guardados. Por eso, ha empezado por la primera caja que ha encontrado. Nada de lo buscado. La segunda que abre pesa bastante más, está llena de libros. Mientras lee los títulos, va recordando cuándo los leyó por primera vez. Al fondo, parece intuirse un libro algo más descolorido por el paso del tiempo. Pero, antes de llegar a tocarlo, descubre un par de libretas. Están polvorientas, pero no recuerda qué son. Abre al azar una de ellas.

12 de noviembre de 2002

Hoy ha sido un día como otro cualquiera....


No sigue adelante. Va a la primera página y descubre, en una letra diminuta e ilegible, las palabras que le corroboran lo que se ha imaginado. "Diario. 6/04/00- 23/01/03". Mira la otra libreta y descubre otro volumen de su diario de adolescente. No sabe qué hacer. De momento, coge el Lazarillo, guarda rápidamente los demás libros, cierra la caja como puede y la vuelve a guardar, junto al resto de recuerdos. Pero ha dejado fuera las dos libretas.


Aún no sabe qué va a hacer con ellas. Ella creía que había superado todo el pasado. Que nada de aquello volvería a molestarla, y menos habiéndose casado felizmente y con una hija maravillosa. Pero, sin saber porqué, y justo en este momento, ha vuelto. Tiene que decidir algo. Quiere recordar cómo fueron esos años pero, a la vez, no quiere hacerlo. Sabe que sufrió mucho. Que todo lo que pasó pudo haberse hecho de otra forma. Y teme que le influya demasiado en su vida actual.

lunes, 13 de octubre de 2008

Olvidé algo importante

Nunca pensé que fuera a decir lo que dije ayer. La cuestión es que olvidé mi Biblia, bueno, la que he hecho más mía, porque tengo otra, en la iglesia después de la escuela dominical. Y me sentó bastante mal.


Me explico. No suelo dejar las cosas por ahí olvidadas, pero ayer, tenía en mente otras cosas que me preocupaban más, y no sé cómo, la dejé olvidada en el banco de la iglesia. Sé que cuando vuelva seguirá estando ahí, pero el hecho de tener que leer esta semana de la otra... Y debería darme igual, pues el mesanje es el mismo, Dios es el mismo en una y en la otra (además, no sé muy bien porqué, pero son la misma versión), y si me va a decir algo en una me lo puede decir igual con la otra, pero el hecho de haber hecho mía y haber aprendido varias cosillas con la "mía" pues no sé cómo explicarlo, pero hace que quiera usar esa.



Quizá es una tontería como una catedral... No sé cómo lo ve otra gente. Las cosas que Dios me tenga que decir estos días, me las transmitirá a través de mi otra Biblia. A ver qué aprendo.





viernes, 10 de octubre de 2008

Otoño amenazante

Anoche llegó, y derramó sus gotas sobre la ciudad. Hoy, amenazante, ¿quién sabe si volverá?


Me gusta cuando llueve, relampaguea el cielo y puedo observarlo desde mi casa...



Otoño
Viento
Lluvia intensa
Más viento

jueves, 9 de octubre de 2008

Adelante








Aunque estoy cansada, el tiempo corre, y no nos podemos detener.
Adelante.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Sobrecargada

No entiendo por qué sigo intentándolo. Bueno, sí lo sé. Pero me sobrepasa hacer el esfuerzo, y ver que el resto no lo aprecia, más bien lo desprecia. O, al menos, así lo siento yo tras mentiras, engaños... No valoran el esfuerzo que hago día a día por estar aquí, no decir más de lo que se permite, no coger mis cosas y largarme lejos...

Pero aún quiero creer que pueden cambiar las cosas. Que es pasajero, que vamos a arreglarlo... Que se puede!! En realidad se puede siempre que quieran todas las partes, y no sé si una de las partes quiere realemente. A mí me da que no. Pero bueno, nadie ha dicho que las relaciones interpersonales son fáciles. Además, hace poco me recordaron que debía esforzarme y ser valiente y bueno, creo que eso puede incluir esforzarme con esta persona. Está claro que no voy a permitir más palos como éste. Pero bueno...

En fin, es muy duro ver cómo te dicen que van a cambiar, y luego ver que no es así. Trataré de hacerlo mejor la próxima vez. Pero no sé hasta cuando podré soportar esta situación. Es una carga muy pesada, y eso que estoy leyendo un libro que trata ese tema precisamente.




Necesito descansar, que me dé el aire, irme lejos. Pero muy lejos... y durante bastante tiempo. Y poder ordenar mis pensamientos, sentimientos... Qué fácil es decirlo y cómo se complica el poder llevarlo a cabo.


Vienen a mí las palabras de la carta a los Filipenses "todo lo puedo en Cristo que me fortalece". No hay más que decir.



Estoy agotada.

martes, 7 de octubre de 2008

Reparaciones

Imagino que todos hemos tenido alguna vez un objeto/cosa el cual desempeña una importante función en nuestra vida.

Y de repente, un día falla en una de sus partes, pero es algo tan insignificante que lo intentas arreglar un poco, y sigues trabajando con él como si nada. Al tiempo, vuelve a fallar. Falla lo que ya había fallado, y algo más. Pero, de nuevo, vuelves a arreglarlo lo más rápidamente posible y sin mucho acierto.

Esto va ocurriendo cada cierto tiempo, y vas solucionando problemillas que le surgen, y, aunque el objeto ya no resulta "idóneo" u "óptimo" para la función que tenía que realizar, no lo puedes tirar y cambiar por otro porque tiene cierto valor sentimental.

Pero llega un día en que dice "se acabó, hasta aquí, dejo de funcionar para siempre". Es entonces cuando te das cuenta de que lo necesitas, y de que tenías que haber pensado más detenidamente cuando se empezó a estropear, porqué las reparaciones no salían bien... Y tenías que haberle prestado más cuidados. Porque ahora que realmente lo necesitas, no puede desempeñar su función.

Pero hay alguien que es el único que puede arreglarlo, si le dejamos que lo haga, si confíamos en él plenamente, que no desea vernos sufrir, ni quiere mal alguno para nosotros. Y le pides que te ayude con tu problema. Y él, en su infinito amor hacia ti y los demás, te ayuda, pero te exige una cosa a cambio. Que le ames, que esté plenamente dispuesto a seguirle, hasta donde haga falta.









Llevo un tiempo pensando en esto. Si hubiese solucionado las cosas desde el principio, ahora no estaría en el punto en el que estoy. Por suerte, conozco a Jesús y a su Padre. Y confío y espero en que me ayude con lo que pesa en mí. Si no le conociera, hace mucho que habría tirado la toalla. Hay muchas cosas que reparar, menos mal que tengo a alguien que lo puede todo.


Gracias por estar siempre ahí.

domingo, 5 de octubre de 2008

Imprescindiblemente dependientes

Me hace gracia la era en la que vivimos. Ésta en que todo se revisa mil veces, todo lleva cientas medidas de seguridad, todo es tecnología...

Sí, vale, no ha sido una buena tarde. ¿Tanto se nota? En fin... Ha sido una tontería, pero precisamente son esas pequeñas cosas las que determinan el carácter de cada uno.

Pero me ha hecho plantearme la importancia que le damos a las cosas, y lo que dependemos de ellas. Si te falla algo, ya no puedes hacer miles de cosas que has de hacer. Entonces, me planteo por qué hemos dejado que sean las máquinas las que tengan que guiar nuestras vidas. Al fin y al cabo... las hemos inventado nosotros para que nos faciliten las cosas, no para que nos las impidan.

Y bueno, no entiendo cómo podemos dejar que dependamos tanto de todo esto, si tenemos a Aquél que lo es todo, y es el Único de quien podemos depender completamente, pues no nos va a fallar nunca.


En fin, desvaríos varios para una tarde no positiva, dentro de un día interesante. Lo único que puedo decir con total seguridad (y no estoy para hablar de seguridad) es que deberíamos depender más de Dios y menos de las cosas de este mundo, aunque se hayan vuelto imprescindibles para la vida diaria.

Creo que Dios es lo único de lo que no podemos prescindir en la vida.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Releyendo...


Me gustó la primera vez que lo leí... Ahora lo retomo con la intención de volver a disfrutarlo...