"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

domingo, 31 de agosto de 2014

¿Quedamos?

No, no es una oferta sino más bien una crítica. Y la hago consciente de que en alguna ocasión he hecho lo mismo, y disculpándome de antemano por si lo que a continuación se expone te ofende.


Quizá es algo que sólo ocurre en España, pero tengo la sensación de que no, de que es un problema común en las sociedades más desarrolladas.

En la actualidad, no quedamos a cenar, pasar el rato, ver a amigos o compañeros. Quedamos con ellos y con toda su red de contactos sociales, a través de sus teléfonos inteligentes. Que serán inteligentes los teléfonos, pero hacen a las personas un poco menos inteligentes.

Es fácil encontrar a personas reunidas físicamente, pero que ni se miren en un buen rato, pues no pueden separar la vista, las manos de sus teléfonos. 

A ver, señores: si habéis quedado con alguien, se presupone que para pasar un tiempo juntos, ¿no considerará una ofensa que no estés realmente con él? 

Que no sé si lo sabéis, pero el tiempo también es valioso. De hecho, es tan valioso que si lo pierdes no lo puedes recuperar. 


Pienso que la sociedad está perdiendo cada vez más rápido sus valores. Que hay tecnología y otras cosas ideadas para facilitarnos la vida, que nos están haciendo perder capacidades que sólo nosotros, los seres humanos, tenemos. 


Esto puede sonar algo raro, pero si quisiera quedar con tu presencia física, sólo para ver como conversas tú con tus amigos, pareja (y derivados), etc... genial. Pero si lo que quiero es quedar contigo, contigo al completo (presencialmente pero también en espíritu), no me dejes de plantón mientras le hablas/escribes a la pantalla de tu teléfono inteligentísimo (seguro que en algún momento se torna más inteligente que tú). 


Como decía antes, a veces he hecho yo esto mismo pero todavía me queda capacidad suficiente para darme cuenta de que nos estamos volviendo tontos. Estamos enseñando a los jóvenes cómo convertirse en tontos.



Piénsalo... Si realmente no te apetece quedar con una persona, dilo, no quedes. Pero no hagas que se sienta minusvalorada sólo porque no seas capaz de dejar un par de horas el teléfono a un lado... Si fuera al revés, ¿no sentirías que estás perdiendo el tiempo?







martes, 19 de agosto de 2014

Mensaje en un botella

Hay personas que llegan sin llamar, sin buscarlas siquiera. Supongo que la mayoría de estas veces, sin embargo, son lo mejor que podemos encontrar, y no somos capaces de valorarlas como merecen hasta tiempo después.

Tú has sido esa persona. Llegaste sin llamar, sin pensar... No nos buscábamos, pero nos encontramos.

Dios y nuestras circunstancias permitieron que sucediera. Amistad, afecto, y luego lo que nos pilló por sorpresa. Me enamoré de ti. Y tú de mí.

Era una locura, por varias cuestiones, pero oramos y decidimos ponernos en manos de Él. No me arrepiento de ello. A tu lado aprendí, reí y lloré muchísimo.

Me enseñaste a valorar cosas que en esta parte del mundo se dan por sentado y se consideran "normales", "básicas" para todo ser humano. Me enseñaste una cara del mundo que desconocía en persona. La tele lo pone complicado, y lo maquillan bien... Gracias. Sabes que siempre te agradeceré haberme dejado conocer el Pulgarcito, y la realidad que allí vivís. Tan diferente...

Seguimos conociéndonos y viendo si realmente iba para adelante. Creímos que sí, yo también lo creía, y cometimos la siguiente locura.

Pero me di cuenta tarde de la verdad. De haberlo hecho antes, nos (te) hubiese ahorrado dolor y sufrimiento. Nos equivocamos, ambos, los dos erramos en cosas y actitudes. Reconozco mis errores de los meses que estuviste aquí, pero ahora veo -con la distancia que nos da el tiempo- que Dios nos cuidó todo este tiempo.

Hablamos muchas veces de esto, y me lo escribiste también: "sigamos pidiendo a Dios para que si es su voluntad nos haga ver el camino". A mí me lo mostró, aunque dolía.
Me pregunté muchas veces si Dios permitió nuestra relación con un propósito de enseñanza. Creo que ahora sabemos la respuesta. Al menos yo la tengo clara...


Antes de empezar esta locura nos prometimos que no dejaríamos que lo que pudiera suceder hiciera que perdiéramos la amistad. Algún día espero sea así.


Sólo quiero darte las gracias, de nuevo. Por cada momento, cada conversación,  por todo...




Ha pasado algún tiempo, y parece que ahora ya estás mejor, con el corazón recuperado y ocupado. Me alegra, de verdad. Mereces a alguien que te sepa hacer feliz y completar. Harás grandes cosas por tu Pulgarcito, estoy segura.






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Este mensaje embotellado se ha ido escribiendo y reescribiendo a lo largo de los meses, para llegar allende los mares
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miércoles, 6 de agosto de 2014

Agotamiento (II)

Es curioso cómo Dios nos recuerda lo que más fácilmente necesitamos (y olvidamos a veces) de formas tan sutiles...

Uno de mis calendarios, al que miro cada mañana antes de salir, hoy:







A raíz del post de ayer, hoy Dios me recordaba que está Él. Al mando.


A veces, dejamos que el día a día nos desvíe de lo esencial... Pero Él siempre va a estar a nuestro lado, es Fiel. 


No dejemos que las personas y/o las circunstancias nos hagan preocuparnos en exceso por las cosas que Él mantiene bajo control, ni permitamos que esas mismas personas y/o circunstancias nos alejen de Él. 




martes, 5 de agosto de 2014

Agotamiento

Normalmente, las personas dicen que se cansan cuando hacen algún tipo de esfuerzo o ejercicio que supera su nivel de actividad normal. Comunmente, a esto se le llama cansancio. Todos nos cansamos. Ya sea por una dura  jornada de trabajo, haciendo ejercicio, faenando en casa...

El agotamiento es el siguiente nivel. Es el cansancio acumulado en el tiempo, el que no logras hacer desaparecer. Además, puede ser físico (por esfuerzo continuado), mental (por darle mucho a la cabeza, en el trabajo o los estudios), o psicológico/emocional.

Ahora es cuando van y la matan, que decía una compañera de trabajo... ¿Qué ocurre cuando la sensación de agotamiento es de los tres tipos? 

Te lo cuento. Te sientes desfallecer, más vulnerable ante cualquier situación, y como es un círculo vicioso y se va acumulando, la bola de nieve cada vez es más grande. ¿Resultado? Un día te puede dar algo. 


Estoy agotada. Agotada físicamente, pues apenas duermo y paro quieta; agotada mentalmente, pues dedico muchas horas a trabajar (y el trabajo de oficina, de ese de pasarse horas pensando y analizando, también supone esfuerzo); y agotada emocionalmente, porque ha sido un curso extremadamente complicado en varios aspectos.


¿Cuál es el remedio ante esta situación? Es de libro, la verdad. Descanso. Desconexión. Total. Completa. Para conseguirlo necesitas dos cosas: estar convencid@ de que lo necesitas de verdad y permitirte ese lujo; y que tu alrededor lo perciba de igual modo y te permita esa desconexión completa.

Así que, hago un llamado a la reflexión. Y lo hago en términos gráficos:



Quizá pueda pronto tomarme unos días de vacaciones. Quizá me veas como a esa pobre tecla, saliendo a hurtadillas de la rutina, del día a día, intentando pasar desapercibida, sin hacer ruido... 

Deja que lo haga.

Gracias...