Agotada. Así es como me siento después de la primera jornada post-vacacional.
Hacía 20 días que no pisaba el suelo del aulario, y hay que decir, que sigue igual... jajaja. Había ya ganas de volver para no estar ociosa, pero sobretodo para volver a ver a las friends de clase. Lo peor, las horas muertas. Paseo al sol, comer andando... En fin, no ha estado mal.
Vuelvo la vista atrás 20 días y los recorro mentalmente y la sensación de no haber parado me invade. No hice gran cosa: un fin de semana en Zaragoza, al otro en Liria, la siguiente semana en Alzira... Vamos, que en mi casa he estado mucho menos de lo que hubiera deseado. Pero ha sido bueno.
El final de las vacaciones fue alegre y emotivo (vale que me emociono con una mariposa, pero...). No, en serio. El domingo mucha gente me sorprendió apareciendo para recordarme que están ahí, unos más que otros, claro. Me alegré un montón de los mensajes de las compis del cole que hace mil que no tenía noticias suyas, me alegré al oir a mis familiares en ese día, al ver mensajitos en el face y vía mail... Pero sin duda, quien más me alegro el día entero fue un amigo que está lejos, que siempre va a ser muy especial y que le agradezco desde aquí el haberse acordado. Evidentemente, también se lo agradezco a todos los demás, en especial los que están más lejos y a los que con el paso del tiempo he ido perdiendo el contacto. Pero que esa persona se acordara me alegró un montón. Me sorprendió mucho. Él ya sabe lo mucho que significa para mí y que pase lo que pase siempre me tendrá a su disposición, y estaré orando por él cada día.
Volviendo a hoy. Sólo de pensar que no habrá descanso hasta el puente de mayo mi mente se tambalea. Queda lo peor del curso. El sprint final acompañado del calor infernal. Sobreviviremos.
Y viendo la fecha en la que estamos, empiezan a surgir dudas en mi interior. Bueno, en mi interior y que la gente pregunta. ¿Qué planes hay para verano? No tengo ni idea. Y así es como contesto. Ya llegará, como siempre, y me pillará desprevenida. Mucha gente sabe ya qué va a hacer. Me encantaría poder viajar, pero también quiero trabajar, me gustaría poder escaparme aunque fuera un fin de semana por ahí... un montón de cosas. Pero claro, luego bajo de las nubes, y me doy cuenta de que no sé dónde estaré en tres meses, no sé qué habrá pasado en ese tiempo, y reparo en que Dios dirá y proveerá todo cuanto tenga que acontecer. ¡Ojo! No digo que vaya a estar de brazos cruzados, sino que no voy a planear algo que luego no sé si voy a poder llevar a cabo, ya sea por medios laborales, económicos o de cualquier otro tipo.
Uff... Miro la entrada de hoy y veo mucha información en poco espacio. No quería marear de este modo, sólo he dejado a mis manos teclear de forma más o menos ordenada los desordenados pensamientos que se agolpaban en mi cabeza desde hace unos días hasta hoy mismo. Disculpad el revuelto creado.
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