El comportamiento humano muchas veces es sorprendente. Oímos noticias de sucesos estrafalarios, que nunca antes habríamos podido imaginarnos, u otros actos similares.
Pero ya no sólo hablo del comportamiento que se convierte en portada de los periódicos, sino de aquél que tiene lugar cada día, en la cotidianeidad de esta sociedad que no respira aire fresco.
Pero ya no sólo hablo del comportamiento que se convierte en portada de los periódicos, sino de aquél que tiene lugar cada día, en la cotidianeidad de esta sociedad que no respira aire fresco.
Véase una escalera mojada por la lluvia, una persona que sube por ella y otra que baja. La que baja, de repente, resbala y se vence sobre sí misma. La persona que sube percibe cierto movimiento extraño y extiende su mano. Sin embargo, la equilibrista recupera su propio equilibrio y no se deja ayudar.
Si soy sincera, la persona que bajaba era yo misma esta mañana cuando, entre las prisas, el bolso, el paraguas y la chaqueta, he resbalado llegando al metro. Aún no entiendo cómo he podido recomponer mi equilibrio, pero cuando la otra persona me ha preguntado ¿estás bien? enseguida he contestado “sí, gracias”, y he continuado la bajada sin más percances.
No obstante, en cuanto he podido dar dos pasos y pensar un poco en la situación tan absurda que acaba de tener lugar, he visto claramente que este comportamiento bien se parece al que muchos cristianos experimentan en su vida.
No obstante, en cuanto he podido dar dos pasos y pensar un poco en la situación tan absurda que acaba de tener lugar, he visto claramente que este comportamiento bien se parece al que muchos cristianos experimentan en su vida.
La vida es como una escalera. Hay momentos en que resbalamos y estamos a punto de caer, entonces Dios nos ofrece Su mano para sacarnos de allí. Pero no dejamos que nos ayude, sino que tratamos por nuestros propios medios de solventar la situación, el problema o cualquier decisión que tenemos que tomar.
¿Qué nos hace dejarle de lado? ¿Por qué no somos capaces de ver que sin Él estamos perdidos, que podemos caer? Esto no significa tampoco que confiando en Él las situaciones por las que pasemos sean más fáciles, ni mucho menos… Pero sí que hay quien, por amor, nos salva y no exige más que amor y confianza a cambio.
Yo, por mi parte, cada día trato de confiar más y más en Él. ¿Qué harás tú? ¿Caerás por la escalera algún día?
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