No se entiende. Que una valenciana diga que no le gustan las fallas la gente no lo entiende. Y sin embargo, somos bastantes.
¿Que por qué no me gustan? A ver, déjame que piense... ¡Ya lo tengo!
Es una fiesta derrochadora. Gastarse más de media unos 200.000 euros por comisión (asociación de falleros, hanrá unas 750) en algo que va a estar expuesto 4 días y va a acabar siendo pasto de las llamas es una aberración en los tiempos que corren. Y ojo, hablo de datos medios, donde existen comisiones que gastan sólo unos pocos miles, y luego hay otras que llegan a los ¡¡¡600.000!!! Y no sólo por los tiempos que corren, ya no por la crisis, sino por la esa gran parte del mundo que no tiene siquiera un euro al día para vivir.
Aparte del derroche, está la contaminación. Y podemos hablar de todo tipo de contaminación. Acústica, lumínica, de la atmosfera... Porque cada día la ciudad rompe el cielo a medio día alcanzando los 170 decibelios, porque hay calles que tienen más luz que un día radiante de sol y porque los más de 1500 monumentos falleros (2 por comisión) se realizan con materiales que, al quemarse, emiten unos gases y unos humos que no son nada sanos, ni para las personas, ni para el planeta.
Además, está la poca civilización, cuidado de las cosas comunes de la ciudad y lo sucias que son las personas. Se come por la calle, se bebe por la calle, se emborrachan por la calle... Y luego, todos los restos quedan toda una semana en las calles. Vale, que Valencia no brilla precisamente por ser la ciudad más limpia de España, pero de ahí a que ni siquiera el sistema público de limpieza trabaje en condiciones... Una imagen para lo sucia que se queda la ciudad: este año, dos días después del fin de la fiesta, aún se veían amontonadas decenas de botellas por las calles, y montones de papeles y restos de petardos (¡y eso que ha llovido durante dos días!).
Luego está lo poco prácticas que son. Un mes antes empiezan a ir cerrando poco a poco accesos y calles a determinadas zonas de la ciudad, hasta que definitivamente barrios enteros se blindan y a los que sólo puede accederse a pie. Es un poco excesivo, para una fiesta que oficialmente va del 15 por la noche a la madrugada del 20...
Creo que podría seguir dando detalles de porqué no me gustan las fallas. Hace años no eran tan sucias, masivas, ruidosas, exageradas, derrochadoras... E incluso tenía su encanto ir a ver alguna, recorrer la ciudad a pie... Pero ahora, y para mí, han perdido toda la gracia.
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