Me encanta caminar por el parque y el viejo cauce del río por las mañanas temprano. Descubro olores, colores, gente...
Pero también descubro a Dios. Me he dado cuenta de que me resulta más fácil alabarle y darle las gracias por todo lo que ha creado y me proporciona cada día observando cada árbol, cada planta, cada flor, la multitud de tonalidades que adquieren y lo hermoso del cielo, el sol y las nubes.
Puedo ver el amor con que ha creado todo, incluso al bichito más pequeño, insignificante y asqueroso para mí. Lo ha hecho todo Dios. Y cuando veo toda esta grandeza me hago y me siento muy pequeñita, maravillándome de que Él haya podido fijarse en alguien tan imperfecto como yo y haya decidido amarme, salvarme y cambiarme.
Gracias Dios.


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