"12 Por
eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han
demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado
que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por
delante. 2 Fijemos
nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la
perfecciona. Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de
esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y
alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.
3 Por
lo tanto, mediten en el ejemplo de Jesús, que sufrió tanta
contradicción de parte de los pecadores; por eso, no se cansen ni se
desanimen".La verdad es que hacía tiempo que no releía las palabras a los Hebreos, pero anoche, en una reunión de equipo de GBE y GBU, pudimos tener un pequeño tiempo de reflexión sobre este pasaje.
Y sí, la vida cristiana es como una carrera. Pero no como una prueba de velocidad de 100 ó 200 metros. No, la vida junto a Dios es como una carrera de resistencia, como una maratón.
Vimos como lo importante en una carrera es llegar a la meta. Como para ir en moto y entrar en una curva, debes mirar la salida de la misma (la meta). Llegar al final. Llegar a la meta.
¿Y cuál es la meta en la vida cristiana? Llegar al final. Llegar a estar delante de Dios un día.
Así pues, fijemos nuestra mirada en Jesús, pongamos nuestros ojos en Él. No nos desanimemos, no nos cansemos, sino más bien corramos con fortaleza, con paciencia (versiones RV y LBLA), perseveremos y no decaigamos. Es duro, pero no estamos solos. Jesús ya lo hizo por nosotros.
Pero es cierto que debemos dejar dos tipos de cosas atrás: el pecado que nos domina, y cualquier otra cosa que, aun no teniendo por qué ser pecado, nos estorba en el camino hacia Jesús, en el fijarnos en Él, en tenerlo como meta.
Esta reflexión me dejó pensando... Y me dejó con más ganas de volver a meditar sobre esta carta. Así que será mi próximo libro del tiempo devocional. Veremos cuánto aprendo esta vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario