El pasado 1 de mayo, festivo por ser el Día del Trabajador, volvimos a salir a caminar unas cuantas amigas.
Lo cierto es que nos lo tomamos con calma, nos gusta aprovechar ese tiempo para compartir como estamos, hablar, disfrutar del paisaje y de la Creación de Dios.
Personalmente, me gusta porque hacer una ruta me hace pensar en la vida, en el curso de la misma. Tienes una meta, un objetivo que alcanzar, y sólo tienes que caminar hacia ella.
Pero, ¡cuidado! En los caminos, puede haber zonas llanas, sin peligros, o te puedes encontrar zonas escarpadas, con pendientes, suelos deslizantes o cualquier otro tipo de impedimentos que hagan que la senda se vuelva más costosa.
En esos momentos, debes caminar con precaución, quizá más lentamente, pero asegurando cada paso. Son momentos de tensión, muchas veces de tener que confiar en quien te acompaña si te tiende una mano...
El otro día pensaba en esto mientras bajábamos una pendiente, que aunque ancha, la tierra se movía, resbalaba, y te hacía perder el control de la situación si pisabas dónde no tocaba.
Pensaba en esto y en cuántas veces en la vida he atravesado estos caminos, y en cuántas más veces los atravesaré. Sin embargo, mi cayado no se va a quebrar. Mi apoyo es Dios.
A veces me doy cuenta de que estoy caminando sola (por mi parte, no por la Suya), pero siempre a tiempo vuelvo a Quién me da reposo y me alienta.
A Quién lo es todo y me ha dado todo lo que tengo.
A Quién pensó en mí mucho antes de que yo existiera.
A Quién me ama a pesar de quién y cómo soy.
Por ello, sí, la vida será como un sendero, con sus señalizaciones borrosas y sus caminos serpenteantes y resbaladizos, pero tengo la certeza que no camino sola. Confío en Dios.
Pensando en esto el otro día, me vino un conocido salmo de David.
El Señor es mi pastor,
nada me faltará.
En lugares de verdes pastos me hace descansar;
junto a aguas de reposo me conduce.
Él restaura mi alma;
me guía por senderos de justicia
por amor de su nombre.
nada me faltará.
En lugares de verdes pastos me hace descansar;
junto a aguas de reposo me conduce.
Él restaura mi alma;
me guía por senderos de justicia
por amor de su nombre.
Aunque pase por el valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado me infunden aliento.
Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;
has ungido mi cabeza con aceite;
mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
y en la casa del Señor moraré por largos días.
no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado me infunden aliento.
Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;
has ungido mi cabeza con aceite;
mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
y en la casa del Señor moraré por largos días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario