"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

martes, 25 de marzo de 2008

Igual

El retiro no estuvo del todo mal. Las charlas de Timoteo Glasscock sobre la familia estuvieron muy bien. Nos hicieron reflexionar a todos sobre nuestras familias (aquella en que nacimos y en la formaremos en el futuro o ya formamos). Todos vimos errores en ellas, pero es algo normal, puesto que somos seres imperfectos. Intenté recordar cómo era mi familia al completo antes. No iba tan mal, creo según veían mis ojos de pre-adolescente. Ahora mi familia es mucho más complicada. Por ello decidí no comerme la cabeza pensando en los errores que otros cometieron y me trajeron hasta aquí, sino más bien empecé a pensar cómo quería que fuera la familia que pudiera formar en un futuro.

Aparte de las charlas, el resto fue normal. Mucha gente iba a su bola, pasaba de las cosas que se habían preparado... pero como en cualquier otro lugar. Lo más divertido, las veladas. Hacer de loca perdida y ver bailar y cantar a la gente mayor estuvo muy bien. Los momentos más off, pues los vacíos en que la gente desaparecía y "te olvidaba". La mejor noche, la última de charreta en la cama con la compi de habitación entre ronquidos de otra (jejeje). Secretos a voces y pequeñas confesiones...

Pero bueno. Vuelves a casa y todo sigue igual. Tú sigues igual.

Te sientes echa polvo (en parte, culpa de 'ser mujer'), vuelves a dejar pasar el tiempo y no te das cuenta de que el mundo no se lo puede permitir. ¿Cuántas cosas suceden en un sólo segundo? Pues eso, y tú (yo) desperdiciándolos.

No sé porqué, pero no he podido acercarme a Dios de la forma que hubiera deseado. Ha sido en plan tímido y con miedos, sin dejar que indagara por el fondo de mi corazón. Mea culpa. Lo sé, poque no he dejado que se acercara. No le he dejado. Mas ¿quién soy yo para negarle a Él tal cosa? Quizá ha sido por no querer derrumbarme frente a mi madre, abuelos... No me gusta que me pregunten qué me pasa si no van a saber entenderlo ni van a poder hacer nada por ello.

Necesito cada vez más hablar con alguno de mis amigos de verdad, ir a tomar un café o algo. Pero claro, inteligente de mí, los tengo a todos diseminados por media España. Sólo con sentirlos cerca me basta. Y un abrazo de apoyo y ánimos. Saber que oran por mí. (Aunque la verdad es que eso pueden hacerlo aún estando lejos).

Además, está cerca el cumpleaños. Y por dónde estaré este año, no quiero que llegue ese día. También por la mala experiencia del año pasado. Fue horrible anímicamente. Y no por la edad, eso es lo de menos en este historia.

En definitiva, que me estoy igual que me fui. Yo que creía que podía haber arreglado algo dentro de mí en estos días de paz y naturaleza... Otra vez será.

Ahora intento afrontar los días venideros y me repito a mí misma no querer dejar pasar el tiempo, no desperdiciarlo nunca más de forma deliberada.

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