Me levanto y me ducho con la intención de irme a la pelu. No enciendo el móvil para que no me molesten allí. ¡Bien! Me pueden coger.
Al salir enciendo el móvil y veo una barbaridad de llamadas de mi abuela. Jo, si es verdad. Hoy es el cumpleaños del yayo. Llamo y me lo coge una mujer, una voz conocida, pero no la que esperaba. Mi tía la de Huesca, que no sabía que había venido. Sabía que estaba aquí la de Valladolid. Bueno, una sorpresa más. La yaya no está, ha ido a la pelu (¡cómo yo!). La tía me dice que van a comer al chino, que si vamos a ir. De papá no sé nada. Me dice que trabajaba. Digo "¡aah!". Habblo con mi sister y decidimos ir a comer allí, como buenas personas. Además, me hace ilu ver a los primos que desde diciembre nada.
Pero, ups. ¿Y mamá? Íbamos a comer en casa. La llamo y me dice que bien, que si luego nos veríamos o si nos íbamos directamente a Alzira. Yo no sé nada. Cuando por fin hablo con papá me dice que cojamos ya la bolsa cuando vayamos a comer. Jolín, la tengo que hacer.
Había algo más... ¿qué era? Ah, sí. Reunión de comité a las 7 en la iglesia. Buffff, stress. Yo quería venir a casa antes de ir a la reunión, pero no sé si ahora podré. ¿Me dará tiempo? Me empiezo a agobiar.
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Yo quería ver a mamá antes de irnos. Jolines. El agobio empieza a ser cabreo. ¿Por qué la gente no avisa con tiempo sabiendo las cosas de antemano? Estoy segura que lo de la comida lo saben por lo menos un par de días antes. Y siempre me entero la última. Además, ni siquiera es mi padre el que me informa de las cosas.
El cabreo ya se palpa en el aire. Intentaré calmarme para cuando llegue la peque de la pelu. Tengo que pensar qué llevarme para no morirme del asco.
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En fin, veremos qué depara el día. Intentré que mi cara no refleje el cabreo que llevo encima, porque ellos no tienen la culpa.
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Me voy.
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