Martes. No levantarse a las 6. Quedarse en casa hasta las 11. En definitiva, no hacer nada hasta mediodía. Hacía años que no ocurría esto en un martes lectivo. Ha supuesto ir con tranquilidad, otro humor, menos sueño... El sol que brilla. Andar sin prisas, sin agobios. Tranquilidad, y punto.
Va a pasar mucho tiempo hasta que pueda volver a pasar un martes tan 'relajado'. En media hora clase, mal día aquel en que me equivoqué de horario y no sé si decir también de asignatura. Pero, nada hará variar hoy la sensación de enorme ¿libertad?, ¿alegría?, ¿felicidad? [no sé cómo expresarlo] que siento. Puede parecer una gran chorrada. En realidad es una real idiotez, pero es mi real idiotez.
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Por otro lado, ir concretando cosillas para la cena del viernes. Quiénes somos, dónde vamos. En realidad, no sé si me apetece. Bueno, va por momentos. Hace un mes mucho, ayer nada, hoy a medias... ¿Quién sabe el viernes? Se debe en parte a la escasez económica y textil que reina en mis bolsillos y armario. Pero, ya toca una cenita, ¿no?
Y me espera un finde ocupadillo. Cena, reunión... El domingo aún nada, pero seguro que algo habrá. Y por algún sitio tendré que meter, aunque con calzador, un ratito de algo parecido a estudiar. Mejor no lo pienso, y ya llegará.
Así las cosas, espero que el martes finalice igual de bien como ha empezado, por lo menos que no sea peor el final del día, que eso me molesta un barbaridad, me afecta al sueño, no descanso... Pero no adelantemos sucesos non-gratos e imposibles de determinar si tendrán lugar.
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