Me hace gracia la era en la que vivimos. Ésta en que todo se revisa mil veces, todo lleva cientas medidas de seguridad, todo es tecnología...
Sí, vale, no ha sido una buena tarde. ¿Tanto se nota? En fin... Ha sido una tontería, pero precisamente son esas pequeñas cosas las que determinan el carácter de cada uno.
Pero me ha hecho plantearme la importancia que le damos a las cosas, y lo que dependemos de ellas. Si te falla algo, ya no puedes hacer miles de cosas que has de hacer. Entonces, me planteo por qué hemos dejado que sean las máquinas las que tengan que guiar nuestras vidas. Al fin y al cabo... las hemos inventado nosotros para que nos faciliten las cosas, no para que nos las impidan.
Y bueno, no entiendo cómo podemos dejar que dependamos tanto de todo esto, si tenemos a Aquél que lo es todo, y es el Único de quien podemos depender completamente, pues no nos va a fallar nunca.
En fin, desvaríos varios para una tarde no positiva, dentro de un día interesante. Lo único que puedo decir con total seguridad (y no estoy para hablar de seguridad) es que deberíamos depender más de Dios y menos de las cosas de este mundo, aunque se hayan vuelto imprescindibles para la vida diaria.
Creo que Dios es lo único de lo que no podemos prescindir en la vida.
1 comentario:
Por suerte, se ha solucionado esto, aunque quedan cosas por reparar aún.
Aprendiendo a depender sólo de Él.
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