"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

viernes, 14 de agosto de 2009

Pensamientos pasados

I

Allá por el mes de mayo escribí una frase, que no recuerdo si leí, escuché, o simplemente pensé.

Nuestros problemas son oportunidades para Dios. Así muestra Su gracia, misericordia, fidelidad, amor...

Junto a ella escribí: "experimentándolo ahora".


Es cierto. Todas aquellas situaciones que para nosotros pueden suponer un problema, o por lo menos una gran lucha, es una oportunidad para Dios. Pero también son una oportunidad para nosotros mismos para demostrarle a Él que es nuestro guía, nuestro mapa, nuestro punto de apoyo, en definitiva, que confiamos en Él.


Creo que en esta oportunidad he vuelto a comprobar Su amor, y Su bondad. Sí, su bondad, porque aun sabiendo que Él ha permitido todo esto (ya que nada se le escapa), sé también que no me dejó sola, proveyó de lo que necesitaba para seguir adelante, ya fuera en forma de personas, de mensajes... que me animaron a seguir adelante en mi particular problema. También he podido comprobar muchas más cualidades de Dios.





II

2009: un punto de inflexión


Este es un pensamiento que anoté unas semanas después del anterior. Ahora me paro a pensar qué me llevó a él, y no sabría determinar con exactitud qué fue, porque lo cierto es que podrí haberlo pensado a principios de año.

Definí 2009 como punto de inflexión recordando la gráfica de las funciones. Un punto de inflexión de una función se caracteriza por determinar un cambio en la concavidad de la curva.



Aplicado al caso que me ocupa, es un punto en el que el mi vida cambia de dirección en muchos sentidos. Bueno, quizá no en tantos. Pero sí que esos pequeños cambios infringidos en este periodo harán cambiar por completo la dirección que estaba tomando.

Estos pequeños cambios se han debido tanto a decisiones propias como ajenas. Con las propias no he tenido muchas dificultades en aceptar que harían cambiar mi rumbo, ya que fui yo quien decidió que así fuera. Pero son las ajenas las que más cuesta asumir, y entender que aunque quizá no comparta el pensamiento, puedo aprender también de ellas. Son más costosas y dolorosas, como una función con concavidad hacia arriba en su parte ascendente, cuya pendiente es cada vez más pronunciada y caminar sobre ella llegaría a ser imposible.



En este punto de mi disertación la función se ha trasformado en una valle, o casi un cañón. Así es como he sentido muchas veces los momentos en la vida, pero siempre ha habido allí una mano que me ha ayudado a seguir adelante por esa pendiente, que incluso me ha levantado en sus brazos para poder llegar de una pieza a la cima, aunque luego siempre hay un nuevo valle, en el que aunque la bajada no sea muy pronunciada, la subida de la pendiente siguiente siempre supone un esfuerzo extra. Pero hallaremos descanso.


"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Jesús, en Mateo 11:28)


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