Aún así, se levanta todos los días, hace todo aquello que debe hacer y trata de que el silencio no le afecte en demasía. Muchas veces siente que va a caer, que es el último día en que podrá soportar tanto silencio.
Pero entonces Él le dice que no se preocupe, que está a su lado, que le da la mano y le ayuda a seguir caminando. Que si es necesario le cogerá en brazos, como otras veces ya ha hecho, y le curará las heridas nuevas, y las que se han reabierto.
Le da las gracias por todo. Sabe que no lo merece y por eso mismo está agradecido. Está a Su disposición. ¿Qué quieres de mí, Señor?
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