"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

lunes, 10 de mayo de 2010

Sermón del Monte


(15 de abril 2010)

Hace unos días estuve leyendo en el libro de Mateo las palabras que dijo Jesús en lo alto del monte. Los siguientes textos resaltaron entre el resto.


“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
Mateo 5:13-16

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen así también los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que están en los cielos es perfecto”.
Mateo 5:44-48

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.
Mateo 6:6

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.
Mateo 6:14-15

“… ¿por qué os afanáis?... Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas [vestido, comida, bebida, primeras necesidades] os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.
Mateo 6:28, 33-34

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.
Mateo 7:7-8

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque eso es la ley y los profetas”.
Mateo 7:12

“Entrad por la puerta estrecha;… porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.
Mateo 7:13-14

“No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos”.
Mateo 7:18



Sí, es cierto, son un montón. Pero a mí entender, resumen bastante bien el contenido del discurso del Señor en ese día. Además, son toda una lección de comportamiento, obediencia y dependencia hacia Él (y de Él).

Simplemente quiero compartir el pensamiento que tuve cuando leí los primeros que he dejado plasmados aquí La sal y la luz del mundo.

¿De qué sirve la sal cuando ésta ya no es salada? De nada. Así de contundente. Si la sal no sala, no sirve para nada. Pues bien, si los creyentes somos la sal de la tierra puesta en ella para salar al resto de personas, ¡qué peligro quedarnos insípidos! En realidad, no sería peligro… Pero sí deberíamos asumir el papel para el que estamos aquí, ¿no? ¡Qué responsabilidad! Dar ejemplo, ser una muestra lo más clara posible (e imperfecta, porque somos imperfectos a Su lado) de Él y tratar de reflejarle en nuestras vidas, mostrar ese amor…

Creo que en las últimas semanas he estado bastante insípida, lo reconozco. No he servido de mucho, y es más, he estado un poco lejos del mar que nos sala. Tropezón de los gordos, de nuevo. Pero una vez más, he reaccionado. He caído rendida otra vez, disculpándome  de lo indisculpable, sabiendo que Su misericordia es inabarcable y tan grande que vuelve a perdonarme. Agradecida y avergonzada por haber permitido esa nueva caída. ¿Cuántas veces más caeré? Muchas, lo sé, el camino no es fácil (y la puerta es estrecha). Pero camino aprendiendo a confiar de Él.  


Luego está la luz… Hago un ejercicio tratando de imaginarme hace unos siglos, antes de la invención de la electricidad. Llega el atardecer y todo se queda en penumbra. Enciendes un candelero de esos de aceite et voilà, la estancia se enciende, y puedes ver las caras del resto de la familia, y todos los objetos con los que podrías dañarte si tropezaras en las tinieblas. Pones la lámpara en un lugar en el que no quede tapada por otros objetos, sino, la estancia no se iluminará al completo y quedarán sombras (y riesgo de algún golpe). Por eso no tiene sentido encenderla y ponerla en un cajón, o en un armario. No cumpliría con éxito su función. Ha de estar visible… Somos la luz del mundo. Debemos estar ubicados de forma que hagamos visibles las sombras… Y, ¿para qué? Para glorificar al Padre. Para Él.


No puedo por menos que recordar ciertos hechos ocurridos no hace demasiado (que no presencié, pero que me contaron hace poco). Es inadmisible que creyentes protagonicen esas escenas en la misma iglesia. Primero, es inadmisible porque somos creyentes y  se supone que ciertos comportamientos terrenales son lo que el Espíritu trata de corregir en nosotros, por obediencia y amor a Dios, ¿no? Pero si encima la escena se produce a las puertas del local, en plena calle… ¡vaya una lámpara para el barrio! Cuando no ves la diferencia entre alguien del mundo y tú mismo, deben saltar las alarmas. En fin… que me hizo pensar en todo la situación de la iglesia local…

Por lo demás, el resto de textos ya han llamado mi atención muchas veces, y seguirán haciéndolo. Los voy grabando más y más dentro de mí.

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