(9 de mayo de 2010)
No he podido más que echarme a llorar. Ya sabéis lo sensiblera que soy, y que he sido, siempre. Por mucho que haya tratado de dejar que todo me afecte tanto. Pero no puede ser, realmente no soy nada fuerte.
El caso es que el varapalo ha venido de donde menos lo esperaba. Y no ha sido un varapalo en sí, sólo unas palabras reflexivas de alguien a quien quiero mucho, que me quiere mucho también y que me ha cuidado muchísimo siempre.
Está preocupado, pero realmente no entiende las razones que me han llevado a estar en la nada envidiable posición en la que me encuentro.
Entiendo sus argumentos, aunque creí que en parte se habían mudado de iglesia por otras razones, no por las que me echó en cara (sin quererlo). El caso es que la conversación me ha dejado K.O. ¡Y eso que he llamado yo!
Sigo preguntándome qué camino es el que Dios quiere que siga. Fuera presiones, fuera otras personas.
¿Qué me estás pidiendo a mí?
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