"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

miércoles, 2 de enero de 2013

Año Nuevo

Hemos empezado un año nuevo, un año que seguramente en España se recordará como otro año de duros recortes sociales, crisis económica, destrucción de empleo, emigración juvenil...

Casi todo el mundo se marca unos objetivos o propósitos cada vez que al calendario le sumamos un año más. Salud, dinero, amor en forma de gimnasio, dejar de fumar o conseguir empleo.

Personalmente, cada año reflexiono sobre lo que me ha proporcionado Dios durante los últimos doce meses y si realmente he sido una buena hija suya. Todos los años me doy cuenta de que le sigo fallando y debo conocerle más y más, leyendo y meditando en Su Palabra y hablándole.

[Piensa, ¿cómo conociste a tu pareja? ¿Qué haces cuando quieres conocer a alguien? Pasas tiempo con él/ella, ¿no? Pues con Dios es igual]

Ayer leía en el Salmo 1 (vv.2 y 3) lo siguiente: 

 "Dichoso quien se complace en la ley del Señor, 
sobre la que reflfexiona día y noche.
Es como un árbol plantado junto al arroyo:
da fruto a su tiempo y no se secan sus hojas;
consigue todo lo que emprende."

Mientras lo leía, mi mente me llevó a esta imagen:




Este árbol estaba en un paraje precioso, en las tierras de Jaén, junto a un arroyo. Sin embargo, estaba muerto, seco de raíz a las puntas...

Me hace pensar en las veces que estamos (estoy) al lado de Dios -el arroyo-, pero no bebemos (bebo) de su agua, ni nos alimentamos con Su Palabra.


Mi buen propósito para este año y mi deseo para todos es que podamos conocer más a Dios cada día.




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