En un momento como el actual, en que la sociedad ha perdido toda moralidad, la clase política no es de fiar, y la Iglesia (o aquéllo con retazos "religiosos", del color que sea) suena más que nunca a arcaico, reabrir el debate del aborto podría considerarse una antigualla.
Sin embargo, creo que debemos defender nuestra postura al respecto, más aun cuando vuelve a estar en boca de todos.
Pongo en situación al personal. En España es legal abortar, bajo ciertos supuestos, desde la década de los 80 y en las últimas semanas, el actual Gobierno está debatiendo si volver a modificar la ley. La última vez, hace 3 años, el gobierno de izquierdas del Sr. Rodríguez Zapatero la hizo más "fácil y accesible", con su ley de plazos.
Pero no ha sido esto lo que me ha hecho pararme de nuevo a reflexionar sobre el aborto. Ha sido, más bien, la siguiente noticia, llegada desde el otro lado de Atlántico.
Beatriz está embarazada, pero está gravemente enferma y demanda el aborto. Además, algunos médicos han asegurado que el bebé tiene malformaciones (podría no tener cerebro) y que hay serias probabilidades de que ninguno de los dos sobreviva al parto.
Hay más. Beatriz es centroamericana, de El Salvador, un país en que el aborto es ilegal y está penadocomo homicidio. Asociaciones proabortistas han visto en ella la posibilidad de exigir una ley de interrupción de la vida en aquel pequeño país, y así aprovecharse de su caso para legalizar esta práctica destructiva.
Si fuera española, con la ley actual, no tendría ningñun tipo de problema para hacerlo, pues en la última reforma (la de los socialistas de 2010) permite su caso como una opción para el aborto. Hemos de añadir, sin embargo, que el actual ministro de justicia del Gobierno (derecha), el señor Gallardón, ha reabierto el debate en España por querer modificar la ley socialista y encontrar discrepancias al respecto dentro de su propio partido.
No obstante, el objetivo de esta entrada no es señalar las diferencias entre la sociedad occidental y la centroamericana, sino más bien ir más allá de las diferencias y reflexionar más seriamente sobre el este tema.
Como cristiana, me declaro en contra de esta brutal y horrenda práctica que supone eliminar una vida.
Dios es el Creador, de todo, de tu vida. Y sólo Él tiene derecho a quitarla.
Es cierto que puedes plantearte (pues yo lo he hecho) muchas preguntas.
- Si la madre muere en el parto, ¿quién cuidará del bebé?
- Si el bebé va a nacer gravemente enfermo, y sólo va a sufrir, ¿vale la pena seguir con el proceso de gestación?
- ¿No es Dios un dios de Amor y bondad? ¿Cómo puede permitir el sufrimiento de un ser tan indefenso?
- etcétera...
Reconozco que no son preguntas fáciles. No me ha resultado fácil a mí tampoco responderlas todas.
Pero sé algo. Hay muchas cosas que no entendemos de los caminos de Dios, sin embargo hemos de actuar con fe y con la convicción de saber que Él tiene el mejor plan para nosotros. Seguro no entenderemos todo, pero si confiamos de todo corazón en Él, a su tiempo, veremos la razón de estas cosas.
Hago una pequeña apreciación que considero importante. Soy
antiaborto, pero sí creo en la llamada planificación familiar, mediante
el uso de anticonceptivos no abortistas. Pero, ante todo, confio en
Dios.
El aborto no sólo es interrumpir una vida. Tiene graves consecuencias psicológicas para las madres, o las que decidieron evitar serlo. Muchas no se recuperan y les persigue el resto de su vida el hecho de haber decidido, una vez, interrumpir un embarazo.
Creo que hay alternativas al aborto, cuando éste se produce porque la futura madre no quiere tenerlo o no podrá mantenerlo y hacerse cargo del bebé.
Espero que el caso de esta mujer en El Salvador no sea la llave para despenalizar un práctica abusiva en contra de la vida, y que el debate en España acabe en buenos términos, aunque mucho me temo que entre unos y otros, iremos cambiando de ley conforme cambie el color del Gobierno. Una verdadera lástima.
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