"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

miércoles, 16 de julio de 2008

Tormenta de verano

Relámpago. Y empieza a contar... 1... 2... 3... 4... ¡trueno! Espera un poco. Relámpago, y vuelve... 1... 2... 3... 4... 5... 6... 7... ¡trueno! Parece que la tormenta se aleja. Su cara dibuja una expresión de tristeza. Vuelve a empezar... 1... 2... 3... ¡trueno! Ahora sonríe. No se va. Se queda. Se queda conmigo, piensa.

Aún recuerda como su abuelo le enseñó a adivinar cuando una tormenta se aleja o se acerca. Era en la casita que había construído junto a sus hijos hacía muchos, muchos años... Una tarde de agosto empezó a llover, y los relámpagos brillaban en el cielo que había oscurecido. Poco después llegaba el trueno. Ella se asustaba por el ruido. Su abuelo entonces la llevó a la terraza y le enseñó a contar. Así es como dejó de tenerles miedo. Podía saber cuando venían o se iban. Siempre quería que se quedasen con ella. Le hacían compañía.


Ahora, cada vez que llueve, recuerda ese momento y cuenta. Cuenta como si estuviera allí, fuera pequeña aún, y estuviese oliendo el césped mojado, oyese el crepitar de las gotas en la piscina... Cuenta aún estando encerrada en la oficina donde trabaja, y siempre trata de mirar por la ventana, buscando el relámpago que le haga volver a empezar...

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