"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

jueves, 23 de julio de 2009

Taller de alfarerería

El taller funciona despacio pero sin descanso. El trabajo requiere de precisión, sabiduría, delicadeza, cuidado...

Está al torno trabajando en sus obras maestras. Porque cada pieza es una obra maestra, única y hecha con el mayor amor que alguien puede mostrar.
Le preocupa una pieza en concreto. Desde que comenzó a crearla, hace ya unos cuantos años, la ha tenido que remodelar muchas veces, pero en los últimos meses ha sufrido mucho, pues ha tenido que romperla varias veces. Empezaba a endurecerse y el resultado no coincidía con el esperado. Sabe que ha sido doloroso pero que habrá valido la pena, sino no habría actuado así.




Me siento como la arcilla en manos del mejor alfarero que existe. Es cierto, me ha deshecho varias veces en estos meses. A veces simplemente aún estaba húmedo el barro y ha sido un cambio de perpectiva, pero otras ha sido bastante doloroso.

Aun habiéndome moldeado hacía poco, me conformé y endureció la arcilla. O simplemente no dejé que fuera Él quien me dijera hacia dónde ir (aun cuando se lo había pedido de todo corazón) porque resultaba un gran cambio que yo misma había iniciado. Entonces, me volvió a romper en pedazos, me reblandeció otra vez y volvió a formarme.
Y aún hoy tengo la sensación de que no he seguido del todo Su mandato, ni siquiera lo que yo me había propuesto. ¡Es que es tan difícil cuando no te responden! No existe excusa que valga. He errado, no en mi decisión, pero sí quizá en algunos aspectos de enfrentarla, pero por lo menos lo sé, me he dado cuenta de ello, y trato de enmendar los errores.


Sé que el Alfarero sigue trabajando en mi pieza. Sé que volverá a despedazarme, si lo ve conveniente, para perfeccionar Su obra. Lo hace con todos. Unos se dejan, otros no... Simplemente le agradezco que lo haga, porque siento como crezco y que puedo ser útil en el futuro para otras personas (aunque no sé muy bien cómo, porque no se me da muy bien hablar, ni dar consejos). Y le doy gracias porque me ha dado la capacidad de ver que es algo necesario en mi vida.

Gracias Señor por ser mi Alfarero y querer moldearme a mí.


Sigue al torno. Está trabajando en muchas piezas. Quiere que todas sean perfectas, como lo fue una vez una que entregó para poder perfeccionar todas las demás. Pero no todas se dejan moldear.
Hay piezas tan duras que parecen indestructibles. Pero Él no desiste. Sigue trabajando y deseando que la pieza en cuestión se entregue y deje moldearse. Muchas veces las piezas se rompen en muchos pedazos, a cuál más doloroso, pero han comprendido que es algo necesario y sin lo que no llegarían muy lejos.
Porque, si una pieza no está bien diseñada, moldeada, cocida... puede dañarse, agrietarse, romperse. Y si el Alfarero está cerca puede remoldearla y volverla a cocer, pero si no lo está, la pieza deja de existir, muere.
Tiene muchas piezas en las que trabajar. No las va a abandonar. Es una promesa que les hizo. Y además, las ama. ¿Cómo va a abandonar aquello que ama? No puede, así como tampoco puede permitir que no sean perfectas. Por eso sigue trabajando en ellas. Siempre trabaja en ellas.




¿Le dejas que trabaje en ti?

No hay comentarios: