"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde

martes, 24 de junio de 2014

Un pedacito de mí

Revisando documentos en el ordenador, he encontrado mi testimonio (muy resumido) que escribí para traducir y enviar al equipo de traductores de Desiring God hace ya casi dos años.

Es un pedacito más de mí que comparto ahora:



Soy Sandra y nací en una familia cristiana.

Mis abuelos (por ambas partes) conocen al Señor y educaron a sus respectivos hijos en la fe. Mis padres se bautizaron y se casaron y nos tuvieron a mi hermana pequeña y a mí y nos educaron en la fe cristiana, llevándonos a la iglesia todas las semanas y a los campamentos para niños que se organizaban.

En un campamento de verano nos dijeron qué significaba ser cristiano y cómo decírselo a Dios y le entregué mi vida al Señor, aunque con 12 años no entendía muy bien la diferencia entre el antes y el después, ya que la vida “cristiana” formaba parte de mi vida normal.

Sin embargo, todo cambió en la adolescencia (a los 14), ya que un día mi padre (que decía ser cristiano) abandonó a mi madre y se fue de casa. Esto para mí fue devastador ya que todo lo que me habían enseñado desde bien pequeña se derrumbaba. ¿Papá creía en Dios? ¿Cómo es que hacía eso que a Dios no le agradaba siendo “cristiano”? Fueron días muy duros…

Pero doy gracias al Señor por algunas familias en la iglesia y por personas en concreto que puso ahí y que no me dejaron de lado. Me planteé muchas cosas, entre ellas dejar de ir a la iglesia y darle la espalda a ese Dios que me habían tratado de enseñar, pero que yo ahora pensaba que era un engaño. El Señor me ama y no sólo evitó que eso ocurriera, sino que además, me cuidó y me acercó más a Él, por medio de dos obreros que eran voluntarios en el movimiento de los Grupos Bíblicos Estudiantiles y me invitaron a asistir a las reuniones que preparaban para chic@s como yo (adolescentes, estudiantes, que iban o no a la iglesia, que estaban decidiendo sobre Dios en su vida).

Fueron momentos difíciles, teniendo que hacerme cargo un poco de la situación en casa, pero acabé comprendiendo que no es que Dios no me amara y por eso había roto mi familia, sino que era un situación ocurrida por el pecado de las personas y que Dios la estaba utilizando como prueba de mi fe. 
Y decidí aferrarme a Dios, ya que me habían dicho de bien pequeña que me amaba y que me cuidaría siempre. Y hasta hoy.

Es cierto que han pasado muchas cosas desde entonces, y mi relación con Dios no siempre ha sido la mejor, pero confío en Él. No sé qué sería de mi vida sin Él, sin la garantía de la salvación, sin Su protección y provisión.



Como digo... este texto tiene mucho tiempo, y un espacio restringido.

Si te dejé pensando, puedes escribirme. Si no, espero algún día puedas plantearte conocer a Dios.

 

No hay comentarios: