Revisando documentos en el ordenador, he encontrado mi testimonio (muy resumido) que escribí para traducir y enviar al equipo de traductores de Desiring God hace ya casi dos años.
Es un pedacito más de mí que comparto ahora:
Soy Sandra y nací en una familia cristiana.
Mis abuelos (por ambas partes) conocen al
Señor y educaron a sus respectivos hijos en la fe. Mis padres se bautizaron y
se casaron y nos tuvieron a mi hermana pequeña y a mí y nos educaron en la fe
cristiana, llevándonos a la iglesia todas las semanas y a los campamentos para
niños que se organizaban.
En un campamento de verano nos dijeron qué
significaba ser cristiano y cómo decírselo a Dios y le entregué mi vida al
Señor, aunque con 12 años no entendía muy bien la diferencia entre el antes y
el después, ya que la vida “cristiana” formaba parte de mi vida normal.
Sin embargo, todo cambió en la adolescencia
(a los 14), ya que un día mi padre (que decía ser cristiano) abandonó a mi
madre y se fue de casa. Esto para mí fue devastador ya que todo lo que me
habían enseñado desde bien pequeña se derrumbaba. ¿Papá creía en Dios? ¿Cómo es
que hacía eso que a Dios no le agradaba siendo “cristiano”? Fueron días muy
duros…
Pero doy gracias al Señor por algunas
familias en la iglesia y por personas en concreto que puso ahí y que no me
dejaron de lado. Me planteé muchas cosas, entre ellas dejar de ir a la iglesia
y darle la espalda a ese Dios que me habían tratado de enseñar, pero que yo
ahora pensaba que era un engaño. El Señor me ama y no sólo evitó que eso ocurriera,
sino que además, me cuidó y me acercó más a Él, por medio de dos obreros que eran
voluntarios en el movimiento de los Grupos Bíblicos Estudiantiles y me invitaron a asistir a las reuniones que
preparaban para chic@s como yo (adolescentes, estudiantes, que iban o no a la iglesia, que estaban decidiendo sobre Dios en su vida).
Fueron momentos difíciles, teniendo que
hacerme cargo un poco de la situación en casa, pero acabé comprendiendo que no
es que Dios no me amara y por eso había roto mi familia, sino que era un situación
ocurrida por el pecado de las personas y que Dios la estaba utilizando como
prueba de mi fe.
Y decidí aferrarme a Dios, ya que me habían dicho de bien
pequeña que me amaba y que me cuidaría siempre. Y hasta hoy.
Es cierto que han pasado muchas cosas desde
entonces, y mi relación con Dios no siempre ha sido la mejor, pero confío en
Él. No sé qué sería de mi vida sin Él, sin la garantía de la salvación, sin Su
protección y provisión.
Como digo... este texto tiene mucho tiempo, y un espacio restringido.
Si te dejé pensando, puedes escribirme. Si no, espero algún día puedas plantearte conocer a Dios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario