"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"
Oscar Wilde
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sábado, 19 de septiembre de 2020

Confinada...

 Tenía que pasar, ha dado positivo en covid. 


Y no me extraña. No ha parado quieto, las medidas de seguridad son mínimas, lo de la mascarilla para él es un cuento. 

O bueno, quizá se lo he pasado yo. 


¿Quién sabe? Es totalmente asintomático, yo también. Lo he aislado inmediatamente. Se ha resistido, no entendía por qué. Me hacen la prueba el lunes a mí. Veremos los resultados.


Justo hoy, que he empezado un curso que tenía programado para junio con la empresa. Comunicación y asertividad. Comunicación responsable, expresar sentimientos sin juzgar y todo eso... y boom. "Oye, que soy positivo". No recuerdo mucho más del resto de curso. Me he perdido como hora y media, porque estaba pero no. 

Hay más probabilidades que lo haya contraído él en los múltiples sitios que ha visitado por trabajo y ocio que yo, o eso pienso. Salgo de casa sólo a correr (de madrugada y completamente sola) y a las clases de fuerza en las que vamos con mascarilla y estamos como a 5m unos de otros. Si he sido yo es mala pata. Si ha sido él es irresponsabilidad. 


En fin, no puedo hacer nada. Estoy soltando aquí todo lo que lleva rondando mi cabeza las últimas 8 horas, porque el dolor de cabezón que estoy cogiendo es de aúpa. 


Así que, vuelvo a confinarme. Eso sí, con elíptica y bicicleta de spinning. ¡¡Vamos a volver fuertes!!

viernes, 31 de julio de 2020

Words out

Han pasado semanas... 

Estamos en la nueva normalidad, pero de normal, nada de nada. 

En casa sigo peleando a diario, cada día es más difícil y la sensación de tener un adolescente en casa no consigo quitármela de encima. ¿Cómo es posible que no lo haya visto hasta ahora? 

En el trabajo, sigo trabajando desde casa. Y lo seguiré haciendo aún al menos 2 meses más. 

De la nueva normalidad decir que sí, que bueno... Vamos con mascarilla por la calle, la gente está haciendo vida normal, pero los rebrotes se han disparado. 
Mi nueva normalidad es mucho más ligera. Salgo a correr sola, a entrenar en bici 1 vez a la semana, con un grupo muy reducido de personas y siempre manteniendo las distancias, en las clases de fuerza somo 4 personas en un espacio en que caben 8, así que la distancia está asegurada y, sino estoy trabajando o haciendo deporte, no suelo estar por la calle.

Llamadme loca o paranoica, pero esto es mucho más serio de lo que muchos quieren ver. Hemos planeado un viaje, sí, no sé si nos dejarán hacerlo. Incluso me da cosa pensar en viajar, pero necesito una desconexión. Necesito salir de este "cubículo" y de mi zona habitual. Tomar el aire, ver otras cosas, tomando todas las medidas necesarias y más, si cabe. 

Físicamente estoy bien, algún día algo más cansada o agotada, pero es que el calor no me deja descansar y eso va haciendo mella. 

Mentalmente... Mentalmente es otra historia. Muy tocada, pero mucho, mucho. Y asusta y mucho. Del tca la espiral destructiva es imparable, no consigo ver la luz en esta oscuridad. Me hago daño, y sé qué eso también hace daño, de otra manera, al que tengo al lado. Lo sé, y aún así no hago nada por pararlo. Es más fuerte que yo. En fin... ojalá algún día... 

No sigo, necesitaba explotar hacia fuera un poco las palabras que atormentan dentro de mí. 

jueves, 4 de junio de 2020

De algodón...

Acabo de leer que el segundo aniversario de bodas son las "bodas de algodón". El mío, de algodón quemado... 

El martes fue un día raro. Sinceramente, no tenía ganas de celebrar nada. ¿Qué voy a celebrar si hace un mes que apenas cruzo 6 frases con Nacho y de ellas 4 son negativas? 

Lo cierto es que me encontraba fatal, no había dormido nada en 3 noches, me desperté baldada y con ganas de volverme a meter en la cama... 

A media mañana le pedí que, por favor, dejáramos esa reserva que había hecho in extremis la noche de antes para el fin de semana... No habría que madrugar ni nada por el estilo. Se enfadó conmigo. Y yo salté. No me apetecía celebrar nada porque no tenía nada que celebrar. 

¿Qué íbamos a celebrar, que el último año ha sido el peor de todos desde que nos conocemos? ¿Que el confinamiento nos ha alejado aún más? ¿Que llevamos un mes durmiendo separados? Sí, todo son motivos de celebración. 

Para más inri, apareció con un ramo de rosas, precioso todo hay que decirlo. ¿Un ramo? ¿Para qué? ¿Qué se supone que significa eso? 

Así que... el algodón está muy, muy quemado. A las de cuero igual ni llegamos... 

Semana horrible, vamos... 
 

martes, 19 de mayo de 2020

Como el perro y el gato

Seguimos... ya no sé si esto es irreconciliable o qué... 

Estoy KO. 

Saturada.

Rota. 


miércoles, 13 de mayo de 2020

Cinco años en un post

¿Cómo resumir 5 años en un post? 

Lo adelanto, seguramente, muy mal, desordenado y muy por encima. O, por contra, me enrollo cual persiana y escribo hasta aburrir... 

2015 fue el año de todos los cambios habidos y por haber. Ese año tenía un objetivo deportivo grandioso, el maratón. A nivel laboral, estaba cansada de ninguneos en la empresa y no sabía cómo proceder; en lo personal, harta de estar en casa y sentirme controlada, relación con la familia tensa (con mi hermana poca o nula, con mi madre tensa y con mi padre cordial y justa). En el amor... revuelta. En la fe, perdida. 

En medio de este panorama apareció él. Compañero de trabajo, de hecho, medio subordinado, atento, amable, que se preocupaba. Que tenía un algo, que parecía buena persona y todo corazón. Y me enamoré, pero como siempre he pensado, "él no se ha fijado en mí". Pero resulta que sí lo había hecho. Me lo confesó una noche, después de muchas semanas y meses de ser mi soporte en el curro, alguien en quien confiar y apoyarme, me dijo que le gustaba desde que había entrado a trabajar y que conforme me había ido conociendo, le había terminado de encantar. Nacho. Con Nacho empezó todo rápido y quizá, "saltándonos" algunos pasos. 

Llevaba desde primavera pensándolo, y buscando, y fue en verano cuando, sin margen de reacción alguna para nadie, cogí, busqué piso y me emancipé, de una forma bastante brusca con mi madre, con el consiguiente disgusto por su parte, bronca por parte de mi hermana y ruptura de prácticamente todo contacto con ellas. 

En otoño corrí el maratón, lo disfruté y sufrí de igual manera, y me dio para pensar que hasta aquí, que iba a pedir la baja en la empresa. Había recibido semanas antes una oferta diferente, arriesgada en muchos aspectos, y recorriendo Valencia a pie me di cuenta de que era el momento. 

Así que, esa misma semana post maratón, comuniqué la baja y en 15 días empezaba en otro sitio. Vaya un año convulso y emocionante... emancipación, pareja, maratón, familia medio rota (más aún), nuevo empleo.  

2016 y 2017 fueron dos años que ni recuerdo. Con la familia las cosas mejoraron, con Nacho vimos que no tenía sentido pagar alquiler teniendo un piso (él) vacío que podíamos usar y ahorrarnos el alquiler, trabajo bien pero al poco vi que se me quedaba muy pequeño, así que empecé una búsqueda que se me hizo algo larga... En el cambio del 16 al 17, Nacho me pidió en matrimonio, y como parecía que iba bien todo (piso reformado, trabajos estables aunque descontentos), pues se ve que pensó que es lo que había que hacer, así que pusimos fecha para la primavera de 2018 y al lío. 

2018 tenía que haber sido un año precioso. Pero no lo fue del todo. Mi abuela materna falleció el día del cumpleaños de mamá, después de un mes de dejarse ir, de no querer luchar, a mi padre le diagnosticaron un cáncer por casualidad (benditos tests de prevención) el cual superó sin problemas pero que se llevó por delante de nuevo la relación con mi hermana apenas dos meses después de la boda. También cambié de trabajo, y lo que parecía iba a ser un proyecto muy interesante, resultó rana porque la dirección no soltaba para hacer lo que quería que se hiciera... En fin, cosas que pasan a veces. Y yo recaí estrepitosamente después de todo un año tenso. Recaí como nunca en 11 años de enfermedad a trompicones. 

Además, con todo lo que sucedió los meses después de la boda, hizo que el inicio del matrimonio no fuera muy allá después de 6 meses... 

Y así seguimos. En 2019, poco a poco recuperé a mi hermana, mi padre ya está sano, con Nacho las cosas iban a trompicones mal, y en el trabajo tampoco estaba bien, así que en verano casi volví a cambiar. 

Del resto de 2019 me quedo con el cambio de empleo (llevo casi un año ya), que fue para bien y que siga así, la mejora de relaciones con la familia, y poco más. Porque yo sigo en el torbellino de destrucción tca, con Nacho las cosas han ido cada vez a peor. Tanto es así, que pasé Nochevieja en casa sola viendo una serie sin ganas de nada. También es cierto que unos días antes me noté un bultito y me cagué viva, y no me apetecía nada de nada, y el pasotismo de Nacho no ayudó. 

Y así entramos en 2020. El bultito no fue nada, aunque sigue ahí (se supone que se irá... ), con Nacho todo igual o peor. En febrero, después de la semana de locura que pasamos con mi abuela y su partida, me tomé unos días lejos para pensar y recomponer y los buenos propósitos que dijimos al volver y tratar los temas se han quedado en papel mojado con toda la crisis sanitaria. 

De forma que, en 3 semanas es mi aniversario de boda, el segundo (el primero ni lo celebramos), y no sé si quiero seguir con esto, pero tampoco puedo irme a ningún sitio porque estamos en confinamiento. 

Vamos, que ha sido un lustro interesante. De cambios, de mejoras, de crecimiento, pero también de marchas atrás. 

No sé bien qué pasará después de todo esto... 

Seguiremos soltando ideas.

domingo, 5 de abril de 2015

Poco a poco

"¿Eres la nieta de Pepita? Os parecéis."
Una pregunta, nada más entrar, fue suficiente. El resto de mi primera visita no sé cómo definirla. Salí llorando después de 45minutos...


Han pasado ya casi dos semanas desde que ingresó en la residencia y hay algo que me parte el alma. Su mirada.
Mi abuela tiene unos ojos azules preciosos, siempre han sido muy expresivos. Ahora mismo, es la única vía por la que expresa algo. 

Nunca se ha enfadado con facilidad, pero cuando lo hacía, su mirada era fuerte, dura, de las que te atraviesan y parten en dos. Su mirada ahora es esa. Dura, fría, fuerte, mirando al horizonte... Continuamente. Su expresión es de enfado...

No recuerda cómo hablar desde hace muchísimos meses, pero la pregunta que llevo haciéndome estos días que voy a verla y veo su expresión es "¿estará pensando? si lo hace, ¿qué estará pensando?". Es verdad, no sé si su cerebro es capaz de pensar. 
A veces creo que sí, por eso me mira enfadada... Otras me autoconvenzo que igual que su función del lenguaje, y otras, la cognitiva también se ha visto afectada por esta demencia cerebrovascular, por lo que no podrá pensar. Vale, es posible, pero ¿por qué su mirada es tan... tan dura?


Sí, son preguntas sin  respuesta... En el fondo sé que está mejor atendida allí, que así es más "sencillo" y "mejor", para ella y para los que estamos alrededor. Que hay que ir adaptándose, tanto ella como nosotros. Es un gran cambio, pues los últimos 20 meses nos hemos acostumbrado a una rutina, a un hacer, a un cuidar... Pero eso no lo hace menos doloroso. 


En fin, el Señor sabe todas las cosas... así que, iremos poco a poco... Orando y confiando.







jueves, 13 de noviembre de 2014

Velas que se apagan

El tiempo vuela... y hace ya cuatro años que se apagó, cogido de mi mano. Pero el tiempo no borrará nunca la huella que dejó en nuestras vidas, su ejemplo, sus miradas perspicaces y su humor único...

Siempre va a haber esos rincones de la ciudad que asocie a tiempo con él.

Se apagó, pero brilla su recuerdo.

Gracias yayo, te echo de menos...
 


martes, 19 de agosto de 2014

Mensaje en un botella

Hay personas que llegan sin llamar, sin buscarlas siquiera. Supongo que la mayoría de estas veces, sin embargo, son lo mejor que podemos encontrar, y no somos capaces de valorarlas como merecen hasta tiempo después.

Tú has sido esa persona. Llegaste sin llamar, sin pensar... No nos buscábamos, pero nos encontramos.

Dios y nuestras circunstancias permitieron que sucediera. Amistad, afecto, y luego lo que nos pilló por sorpresa. Me enamoré de ti. Y tú de mí.

Era una locura, por varias cuestiones, pero oramos y decidimos ponernos en manos de Él. No me arrepiento de ello. A tu lado aprendí, reí y lloré muchísimo.

Me enseñaste a valorar cosas que en esta parte del mundo se dan por sentado y se consideran "normales", "básicas" para todo ser humano. Me enseñaste una cara del mundo que desconocía en persona. La tele lo pone complicado, y lo maquillan bien... Gracias. Sabes que siempre te agradeceré haberme dejado conocer el Pulgarcito, y la realidad que allí vivís. Tan diferente...

Seguimos conociéndonos y viendo si realmente iba para adelante. Creímos que sí, yo también lo creía, y cometimos la siguiente locura.

Pero me di cuenta tarde de la verdad. De haberlo hecho antes, nos (te) hubiese ahorrado dolor y sufrimiento. Nos equivocamos, ambos, los dos erramos en cosas y actitudes. Reconozco mis errores de los meses que estuviste aquí, pero ahora veo -con la distancia que nos da el tiempo- que Dios nos cuidó todo este tiempo.

Hablamos muchas veces de esto, y me lo escribiste también: "sigamos pidiendo a Dios para que si es su voluntad nos haga ver el camino". A mí me lo mostró, aunque dolía.
Me pregunté muchas veces si Dios permitió nuestra relación con un propósito de enseñanza. Creo que ahora sabemos la respuesta. Al menos yo la tengo clara...


Antes de empezar esta locura nos prometimos que no dejaríamos que lo que pudiera suceder hiciera que perdiéramos la amistad. Algún día espero sea así.


Sólo quiero darte las gracias, de nuevo. Por cada momento, cada conversación,  por todo...




Ha pasado algún tiempo, y parece que ahora ya estás mejor, con el corazón recuperado y ocupado. Me alegra, de verdad. Mereces a alguien que te sepa hacer feliz y completar. Harás grandes cosas por tu Pulgarcito, estoy segura.






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Este mensaje embotellado se ha ido escribiendo y reescribiendo a lo largo de los meses, para llegar allende los mares
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martes, 24 de junio de 2014

Un pedacito de mí

Revisando documentos en el ordenador, he encontrado mi testimonio (muy resumido) que escribí para traducir y enviar al equipo de traductores de Desiring God hace ya casi dos años.

Es un pedacito más de mí que comparto ahora:



Soy Sandra y nací en una familia cristiana.

Mis abuelos (por ambas partes) conocen al Señor y educaron a sus respectivos hijos en la fe. Mis padres se bautizaron y se casaron y nos tuvieron a mi hermana pequeña y a mí y nos educaron en la fe cristiana, llevándonos a la iglesia todas las semanas y a los campamentos para niños que se organizaban.

En un campamento de verano nos dijeron qué significaba ser cristiano y cómo decírselo a Dios y le entregué mi vida al Señor, aunque con 12 años no entendía muy bien la diferencia entre el antes y el después, ya que la vida “cristiana” formaba parte de mi vida normal.

Sin embargo, todo cambió en la adolescencia (a los 14), ya que un día mi padre (que decía ser cristiano) abandonó a mi madre y se fue de casa. Esto para mí fue devastador ya que todo lo que me habían enseñado desde bien pequeña se derrumbaba. ¿Papá creía en Dios? ¿Cómo es que hacía eso que a Dios no le agradaba siendo “cristiano”? Fueron días muy duros…

Pero doy gracias al Señor por algunas familias en la iglesia y por personas en concreto que puso ahí y que no me dejaron de lado. Me planteé muchas cosas, entre ellas dejar de ir a la iglesia y darle la espalda a ese Dios que me habían tratado de enseñar, pero que yo ahora pensaba que era un engaño. El Señor me ama y no sólo evitó que eso ocurriera, sino que además, me cuidó y me acercó más a Él, por medio de dos obreros que eran voluntarios en el movimiento de los Grupos Bíblicos Estudiantiles y me invitaron a asistir a las reuniones que preparaban para chic@s como yo (adolescentes, estudiantes, que iban o no a la iglesia, que estaban decidiendo sobre Dios en su vida).

Fueron momentos difíciles, teniendo que hacerme cargo un poco de la situación en casa, pero acabé comprendiendo que no es que Dios no me amara y por eso había roto mi familia, sino que era un situación ocurrida por el pecado de las personas y que Dios la estaba utilizando como prueba de mi fe. 
Y decidí aferrarme a Dios, ya que me habían dicho de bien pequeña que me amaba y que me cuidaría siempre. Y hasta hoy.

Es cierto que han pasado muchas cosas desde entonces, y mi relación con Dios no siempre ha sido la mejor, pero confío en Él. No sé qué sería de mi vida sin Él, sin la garantía de la salvación, sin Su protección y provisión.



Como digo... este texto tiene mucho tiempo, y un espacio restringido.

Si te dejé pensando, puedes escribirme. Si no, espero algún día puedas plantearte conocer a Dios.